El Plural
Europa empieza a asumir que la protección de los menores en internet ya no puede depender solo de la autorregulación de las grandes tecnológicas. El debate sobre el acceso de niños y adolescentes a las redes sociales ha pasado en pocos meses de los informes de expertos y las advertencias de familias a ocupar un lugar central en la agenda política europea. España ha querido situarse en la primera línea de esa discusión, defendiendo una acción coordinada para limitar el acceso de los menores a determinadas plataformas digitales, mientras Bruselas ha recogido el guante y acelera sus propios mecanismos de verificación de edad. El último movimiento llega desde Reino Unido, donde el primer ministro británico, Keir Starmer, se dispone a anunciar nuevas restricciones para impedir que los menores de 16 años accedan a plataformas consideradas especialmente dañinas. La propuesta, adelantada por Reuters a partir de una información del diario The Times, plantea cerrar la puerta a los entornos digitales más peligrosos sin bloquear por completo aquellas formas de interacción en línea que puedan considerarse más seguras. El Gobierno británico, según una fuente de Downing Street citada por la agencia, asegura que Starmer "no tiene miedo" de enfrentarse a las tecnológicas para proteger a los jóvenes. Una ofensiva que ya no es aislada El caso británico no es una excepción, sino la confirmación de una tendencia que se extiende por buena parte de Europa. Francia, Dinamarca, Polonia o Grecia han abierto ya debates o procesos legislativos para endurecer las normas de acceso de los menores a las redes sociales. Australia se convirtió en referencia internacional tras aprobar una prohibición para menores de 16 años, y ese precedente ha sido observado por varios gobiernos europeos que buscan nuevas fórmulas para reducir la exposición infantil a contenidos dañinos, diseños adictivos y dinámicas de acoso. España ha tratado de liderar esa respuesta en el ámbito comunitario. El Gobierno de Pedro Sánchez ha defendido la necesidad de prohibir el acceso a determinadas plataformas digitales a menores de 16 años y ha impulsado junto a otros países una mayor coordinación europea para que los controles no dependan únicamente de cada Estado. La tesis española es clara: un problema transnacional, gestionado por compañías globales, exige una respuesta europea y no una suma de parches nacionales. Bruselas ha empezado a moverse en esa dirección. La Comisión Europea trabaja en herramientas de verificación de edad que permitan acreditar si un usuario es menor sin exponer de forma innecesaria sus datos personales. El objetivo es delicado: proteger a niños y adolescentes sin convertir internet en un espacio de vigilancia masiva ni abrir nuevas brechas de privacidad. Para ello, la UE estudia mecanismos técnicos que puedan ser interoperables entre Estados miembros y compatibles con la normativa europea de protección de datos. Salud mental, acoso y odio digital La preocupación inicial por el tiempo de pantalla y la salud mental se ha ampliado a otros fenómenos igual o más inquietantes. Las redes sociales no solo plantean riesgos por su capacidad para generar...
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