COPE
En el día en que se cumple un siglo de la muerte de Antoni Gaudí, la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona alcanza un nuevo hito con la inauguración de la Torre de Jesucristo, su punto más elevado. El Papa León XIV preside el acto que corona al templo como el más alto de la cristiandad. Sin embargo, pocos conocen el vínculo asturiano que ha sido fundamental en su construcción durante las últimas dos décadas, una conexión científica liderada por la Universidad de Oviedo. El geólogo y profesor Félix Mateos, del Departamento de Petrología de la Universidad de Oviedo, ha revelado en una entrevista en COPE Asturias el papel crucial que su equipo ha desempeñado. Desde el año 2001, han sido los encargados de analizar y aprobar cada material pétreo utilizado en la obra, asegurando que solo las rocas más idóneas formen parte del monumento. El trabajo del equipo asturiano ha sido minucioso y decisivo. Mateos explica que su labor consistía en evaluar la idoneidad de las piedras que el equipo de arquitectura seleccionaba. Aunque el templo parezca de una sola pieza, está construido con múltiples variedades de roca procedentes de España y otras partes del mundo. Mediante ensayos de laboratorio, simulaban cómo responderían los materiales a las condiciones ambientales de Barcelona para evaluar su durabilidad. Si se detectaba que una piedra podía dar problemas, se descartaba. Solo aquellas que ofrecían buenos resultados recibían el visto bueno para que los arquitectos procedieran a visitar las canteras. La implicación ha sido tal que, como resume el propio Mateos, se puede afirmar que no se ha movido una piedra en la Sagrada Familia sin el consentimiento de su departamento. “Exactamente. Ese sería un buen resumen”, confirma el geólogo, quien destaca el “privilegio” de haber colaborado durante 20 años en la decisión de qué piedras se colocaban. Esta rigurosa selección garantiza la seguridad y durabilidad de la basílica. Aunque, como recuerda Mateos, “la piedra no es eterna”, los problemas que puedan surgir a futuro serán menores. Principalmente, se tratará de ensuciamiento en las fachadas, algo solucionable con intervenciones de limpieza. Los materiales pétreos, como cualquier material de construcción, se degradan con el tiempo, pero la base es sólida. La tranquilidad para el futuro del templo es máxima, ya que, en palabras del experto, “la piedra durará, nos superará a todos nosotros”. Para Félix Mateos, que ha tenido la oportunidad de visitar la obra por dentro y por fuera, subido a sus andamios, la experiencia es motivo de gran satisfacción personal. Cada vez que pasea por la basílica y reconoce los materiales, siente el orgullo del trabajo bien hecho. El profesor confiesa que siente “un poco suya” la basílica barcelonesa. “Cuando la visito pienso que es un orgullo poder decir que ese material pétreo está aquí porque le dimos nosotros el visto bueno”, afirma. Esta conexión personal refleja la importancia de una colaboración científica que ha dejado una huella asturiana imborrable en el icónico templo de Gaudí. La historia de la Sagrada Familia comenzó en 1882 y, un año después, un joven Antoni Gaudí asumió el proyecto que se convertiría en la obra de su vida. A su muerte en 1926, solo una de las dieciocho torres estaba en pie. Hoy, mientras la obra continúa sin una fecha de finalización exacta, la contribución de la ciencia asturiana asegura que el legado de Gaudí se mantenga firme para las generaciones venideras.
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