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Maestros en cárceles juveniles: el esfuerzo por resetear vidas | Collector
Maestros en cárceles juveniles: el esfuerzo por resetear vidas

Maestros en cárceles juveniles: el esfuerzo por resetear vidas

Una de las paradas del Papa hoy es la prisión Brians 1. Mantendrá un encuentro con algunos presos. Cerca de 60.000 personas están en la cárcel en nuestro país. Aproximadamente la mitad son menores de 20 años, 7.000 de ellos, menores de edad. Un cuerpo de profesores atiende sus necesidades educativas. Les forman para que retomen los estudios, y puedan rehacer sus vidas al salir de la cárcel. Hablamos con uno de estos profesores que ejerce en un centro de internamiento juvenil precisamente en Barcelona. La cárcel en la que Manuel Clemente da clase tiene un claustro de 10 profesores. A diario pasa por un arco de seguridad, revisan sus pertenencias, debe identificarse y le dan un walkie-talkie, por si las cosas se ponen complicadas. “Todo eso cuando llegas por primera vez a un centro de este tipo, pues evidentemente resulta muy impactante-reconoce- imagina las sensaciones: son sensaciones de impacto, de nerviosismo, de inquietud, de curiosidad y bueno, también como un reto personal y profesional por supuesto”. Desarrolla su labor en uno de los 40 centros de justicia juvenil que hay en nuestro país, a los que se suman los 90 de internamiento de menores, donde cumplen condena jóvenes entre 14 y 18 años. Todos dependientes de las comunidades autónomas, con programas de formación que dependen de los convenios que se firman entre las consejerías de justicia y educación. Cuando deciden dedicarse a esta labor, reciben una formación específica, para ayudarles a afrontar un trabajo especialmente duro. Muchos de estos jóvenes abandonaron años atrás los estudios y el ambiente no es fácil. “Siempre existe un clima de tensión permanente pues porque tú no tienes que perder de vista, no puedes relajarte, no tienes que perder de vista el lugar en el que estás, pero siempre intentamos pues bueno, que ese momento de las horas lectivas sean como esa vía de escape de otros conflictos, otros problemas”. Este profesor de primaria da clases a chicos desde 17 años que aspiran a sacarse el graduado para adultos. Son chavales que ya han superado los años de la enseñanza obligatoria y que van voluntariamente a estas clases. Las aulas “se parecen a las de un colegio normal, eso sí “en el ámbito de la justicia juvenil la ratio es de seis alumnos o alumnas por aula, entonces lo que sí que se encuentra son aulas pequeñitas” y hay materiales prohibidos, como tijeras y otros objetos punzantes, o el acceso a internet. Si vamos al contenido, una parte de muchísimo peso es la conductual “casi que prioritaria y previa a los contenidos pedagógicos- explica Clemente-sobre todo cuidando mucho, la parte del vínculo emocional y el vínculo afectivo pues para mantenerlos conectados a ese itinerario pedagógico que les permita pues bueno, reiniciar, reiniciar una etapa diferente cuando salgan” . Crear un espacio seguro y cómodo en el aula es solo uno de los esfuerzos que hacen para que estos jóvenes cambien “cuando tú vinculas el itinerario pedagógico, los contenidos de X asignatura, a qué papel pueden desempeñar en la vida o cómo les puede ayudar a no reincidir y, a reiniciar y poder abrir una nueva etapa, pues claro, de alguna manera tú ya estás trascendiendo los contenidos de la asignatura de geografía, por decir algún ejemplo, a cuestiones vitales de su día a día y de lo que vendrá después”. Algo tan simple como un título de graduado les abre las puertas al mundo laboral. Recuerda Manuel Clemente que” hay trabajos o cursos, que te requieren el graduado de la ESO para un curso de carretillero o a un empleo, como puede ser, de taxista o de seguridad. El no tenerlo es el que te cierra muchas puertas y el disponerlo te abre muchas puertas laborales. Pero sobre todo, sobre todo, yo también valoro mucho la cuestión de aprendizajes vitales en lo que son las conductas, los cuidados del material, la responsabilidad de la tarea, de estudiar, de hacer deberes y eso mantiene, te crea unos hábitos y una responsabilidad que trasciende también el ámbito laboral”. El profesor Clemente se ha desilusionado a veces porque alguno de sus chicos optó por no seguir estudiando tras conseguir su graduado. Son los menos, nos explica “chicos o chicas que me han impactado para bien, son muchísimos. Estamos acabando el curso y a los chavales que ya sabemos que van a graduarse, que van a conseguir el título de educación secundaria, les hemos hecho la preinscripción en ciclos formativos de grado medio, entonces claro, eso es un impacto súper positivo, gente que cuando salga de aquí va a cursar un ciclo de administrativo o de fontanería y son grados de formación profesional y eso te causa un impacto abrumador”. Y hay otras alegrías que compensan al profesor los malos ratos en las aulas. “Hay casos muy muy bonitos-nos cuenta- cuando han salido de libertad y sin tener porqué, sales tú de trabajar y te los encuentras en la puerta y han venido a visitar tanto a sus ex compañeros como a sus exprofesoras y profesores y nos saludan, nos abrazan y nos dan las gracias y eso no tiene valor económico, eso es increíble”. La justicia para menores tiene un componente muy fuerte de reinserción. Los maestros son pieza fundamental en estas cárceles para que estos jóvenes encuentren el camino correcto en su vida. “Han cometido sus errores y los jueces ya les han dicho su condena, ya la están cumpliendo-explica el maestro-no soy juez, yo soy maestro y les trato de guiar en otro camino, ya están cumpliendo su condena y una vez salgan y han cumplido lo que el juez o la jueza les ha dicho, han de tener necesariamente la oportunidad de encontrar otro camino y es nuestro papel ponerle facilidades a ese camino. Si no les damos una segunda oportunidad, ¿qué les damos? ¿A dónde les abocamos? –se pregunta Manuel Clemente- yo planteo la dicotomía, reincidir o reiniciar y apuesto por reiniciar totalmente”.

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