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Un barrio del sur de Tenerife estalla contra la inseguridad: "Entran siete veces al día a robar al supermercado" | Collector
Un barrio del sur de Tenerife estalla contra la inseguridad:

Un barrio del sur de Tenerife estalla contra la inseguridad: "Entran siete veces al día a robar al supermercado"

Los vecinos y comerciantes de la zona de El Fraile, en el municipio tinerfeño de Arona, han vuelto a alzar la voz para denunciar la grave situación de inseguridad que padecen. Una oleada de vandalismo, con destrozos en varios escaparates de negocios, y un incremento de los robos y atracos han sumido al barrio en un clima de hartazgo y preocupación. Así lo ha manifestado Sandra Tormo, secretaria de la asociación de vecinos Santa Isabel de Portugal, en una entrevista en 'Herrera en COPE Tenerife', en la que ha detallado la escalada de incidentes que sufren a diario. El problema con los escaparates rotos no es nuevo, ya que según Tormo, se viene produciendo "desde octubre del año pasado". Sin embargo, lo que comenzó como un hecho "eventual" se ha convertido en un ataque continuado y sistemático. La representante vecinal expone casos alarmantes: "Cuando a un mismo comercio le rompen 8 veces los escaparates, son muchos escaparates y muchos gastos", a lo que se suma que  "a Cajasiete, le han llegado a romper 2 cajeros en el mismo día". A esta lista se suman otros negocios, como una farmacia a la que "le rompen también la cruz y le rompen la ventanita de emergencia". Lo más desconcertante para los afectados es que el presunto autor de estos actos vandálicos está plenamente identificado. Se trata de una persona que, pese a haber sido "denunciada y juzgada en alguna ocasión", sigue repitiendo las mismas conductas. "Todo el mundo sabe quién es, pero sigue repitiendo los mismos hechos", lamenta Tormo. La asociación de vecinos no califica estos actos como mero "gamberrismo", dado que el autor no es un joven, sino que lo considera un problema más profundo. "Yo no lo llamaría gamberrismo, porque la persona que está cometiendo esos hechos no es un chaval, más bien es vandalismo", aclara la secretaria de la asociación. Tormo sugiere que el comportamiento del individuo, que se encuentra en situación de calle, podría deberse a un problema de salud mental que requiere intervención profesional. "Quizás sea un problema mental que necesita ayuda", afirma, pidiendo que "asuntos sociales o alguien debería tomar medidas en el caso e intentar solucionar este comportamiento". Paralelamente a los destrozos, los vecinos de El Fraile sufren un "incremento de la inseguridad" que se manifiesta en forma de robos constantes. Tormo describe un panorama desolador con sustracciones de "monederos, móviles, e incluso, la bolsa de la compra". La audacia de los ladrones llega al punto de que "sales del supermercado y de repente a una persona mayor o un niño le arrancan la bolsa de la compra de la mano". A diferencia del vándalo de los escaparates, estos robos son cometidos por diferentes personas cuyo principal móvil parece ser la necesidad de dinero para satisfacer sus adicciones. "Están viviendo del menudeo y satisfaciendo sus necesidades de drogodependencia", explica Tormo. Esta problemática está directamente asociada a una "situación de abandonos de coche en las calles", ya que "esa gente vive dentro de esos coches", convirtiendo los vehículos en infraviviendas y focos de marginalidad. La situación es especialmente crítica en los supermercados de la zona, que se han convertido en objetivo recurrente de los ladrones. Según la denuncia vecinal, hay individuos que "entran 7 veces al día a robar al supermercado". El 'modus operandi' consiste en sustraer productos específicos para su reventa en el mercado negro: "Entran y le roban pulpo, le roban conservas, le roban botellas de aceite, y luego salen y se las venden, a otro que también se lo compra", relata Tormo,que a su vez, critica a quienes compran estos productos por "fomentar la delincuencia". La secretaria de la asociación vecinal expresa una profunda frustración ante lo que percibe como una concentración de problemas sociales en su barrio. "Nosotros no somos el pozo de Arona", sentencia con rotundidad, exigiendo soluciones habitacionales para las personas que viven en coches abandonados o en "chabolas" en dirección a la playa de Las Burras. "A todas estas situaciones hay que ponerle remedio", insiste. Ante esta escalada de delincuencia, la sensación de abandono institucional es palpable. Sandra Tormo denuncia la falta de comunicación con el consistorio: "No hemos podido hablar con el Ayuntamiento, porque nunca nos ha concedido una reunión como tal". Aunque sí han mantenido encuentros con "algunos partidos que tuvieron la voluntad de reunirse", lamenta que "ni siquiera los partidos" han atendido sus reiteradas solicitudes. La presencia policial es otra de las grandes quejas de la comunidad. A pesar de que el municipio ha contratado a 31 agentes nuevos y de que existe una oficina de la policía en el barrio, los vecinos no perciben una mayor vigilancia en las calles. "Aquí de vez en cuando viene alguien, cuando van a la oficina pasan para allá", pero no hay patrullas a pie que disuadan a los delincuentes, según Tormo. La representante vecinal pone como ejemplo un "foco en la puerta del supermercado" donde "se sientan seis o siete a vigilar quién entra y sale" y a "beber en la vía pública". Tormo critica que los agentes "nunca se paran a decirles, 'oiga, usted sabe que aquí en la vía pública no se puede beber. Circulen'". Esta pasividad, asegura, contribuye a que la gente "deje de ir a comprar porque se siente insegura".

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