Cope Zaragoza
En pleno parque natural de la Serra d'Espadà, la localidad de Villamalur celebra este domingo la cuarta edición de su Feria de la Cereza. Este evento rinde homenaje a su producto más emblemático, un fruto que es vital para la economía y la identidad de este pequeño municipio del interior de Castellón. Juan Miguel Salvador, parte de la organización, explica que la feria se presenta "con mucha ilusión, como todos los años". La presente campaña ha estado marcada por las tormentas primaverales, que llegaron acompañadas de granizo y afectaron a la primera parte de la producción. "Las más tempranas se echaron a perder todas por el granizo", lamenta Salvador. Sin embargo, asegura que la segunda parte de la cosecha se ha salvado: "las que son de segundo tramo y las tardías están funcionando de categoría, porque esa agua al final ha sido muy buena". La feria, que abrirá sus puertas a las 11:00 horas, contará con una programación variada. El Ayuntamiento ha organizado una ruta por las trincheras de la Guerra Civil, consideradas el conjunto patrimonial de construcción bélica más grande de la provincia de Castellón. También habrá una charla sobre injertos, un homenaje a un agricultor local, pasacalles y actividades infantiles. La gastronomía será uno de los ejes centrales, con un menú especial a cargo de La Taberna del Cuco donde la cereza es la protagonista. El fruto se incluirá en ensaladas, gazpacho e incluso en la fideuà, una propuesta que ha sorprendido al propio Salvador. "No había probado platos tan contundentes como este", comenta. Más allá de la fiesta, la feria busca poner en valor un cultivo amenazado por la despoblación y la falta de relevo generacional. Salvador señala que, si hace ocho años había 25 agricultores, ahora quedan poco más de la mitad. "Mantenemos la idiosincrasia del pueblo y resistimos a abandonar todo, porque si lo abandonamos, se echa a perder", afirma, destacando también la importancia de la agricultura para la prevención de incendios. A pesar de las dificultades, la organización ve en la feria un haz de luz para asegurar el futuro. Salvador, que es uno de los pocos que sigue plantando e injertando, confía en el poder de estas iniciativas. "Si mantenemos viva la tradición de la cereza, seguramente los jóvenes se involucrarán más", explica, y concluye con una firme declaración de intenciones: "si no se hace nada, pasará al olvido, y a eso nos resistimos".
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