Confidencial Digital
Madrid llevaba días preparándose para la escena. Banderas vaticanas colgadas en balcones, dispositivos de seguridad inéditos, pantallas gigantes en plazas estratégicas y miles de fieles -junto a curiosos, turistas y escépticos- aguardando la llegada de un pontífice que aterriza en un país muy distinto al que visitaron sus predecesores.
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