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Cepeda: el filósofo comunista que quiere seguir pasos de Petro
El Colombiano

Cepeda: el filósofo comunista que quiere seguir pasos de Petro

Iván Cepeda es un hombre de pocos amigos y causas de largo aliento. La defensa durante 30 años de las víctimas del Estado y la cruzada judicial de más de 10 años en contra de Álvaro Uribe, no solo lo definen sino que han ocupado buena parte de su historia. Más allá de ese retrato, que ya conoce el país, hay detalles menos conocidos de su vida personal. Comparte su vida con la antropóloga Pilar Rueda, que trabaja en la JEP. Es metódico y disciplinado, lleva una vida austera y el único lujo que se da es la buena comida, dicen quienes lo conocen . No tienen hijos pero sí tres perras: Raisa, Mulán y Micaela. Su vida ha estado marcada por tragedias familiares: su madre, Yira Castro, falleció de un tumor cuando él tenía 19 años, y su padre, Manuel Cepeda fue asesinado cuando él tenía 30 años. Luchó contra un cáncer de colon entre 2017 y 2019 y contra otra lesión cancerígena en el hígado en 2021 y 2022; lo cual transformó la rutina de Cepeda, llevándolo a adoptar una disciplina alimentaria estricta basada en alimentos cocinados al vapor y cero licor. Cepeda se forjó en el comunismo ortodoxo; militó junto a su padre en una línea ideológica que en sus inicios bebió del pensamiento de Mao Zedong, estudió filosofía en Bulgaria y Derecho Humanitario en Francia. El círculo más cercano del candidato sigue anclado al Partido Comunista, la Unión Patriótica y el Polo. Son muchas las líneas que unieron a su familia y a él mismo con las Farc. De ahí que para buena parte del país todavía no es claro el tipo de relación que tuvo con ese grupo armado. Puede leer: Sigue enredado el debate presidencial de segunda vuelta: Cepeda exige reglas y De La Espriella lo acusa de evadirlo La trayectoria política de Iván Cepeda es el relato de una transición desde el comunismo ortodoxo hacia una izquierda democrática. “Su base inicial fue el Partido Comunista, donde militó junto a su padre, Manuel Cepeda, compartiendo marchas y una línea ideológica que en su momento estuvo influenciada por el pensamiento de Mao Zedong”, afirma un exmilitante del M-19 que conoce a Iván Cepeda desde hace unos cuarenta años. En esa etapa juvenil, a finales de los años 80, recuerda a Cepeda en las reuniones de la Unidad Democrática en Teusaquillo como un líder mucho más emotivo, efusivo y proponente, una figura que ya destacaba por ser el hijo de Manuel Cepeda pero que aún no adoptaba el tono pausado que ha construido hoy. Por otro lado, Cepeda en lugar de hijos tiene tres perras y sobre ellas deposita un profundo afecto: Raisa, Mulán y Micaela, esta última su más fiel compañía en los momentos más difíciles en el tratamiento del cáncer de colon en 2018. Cuando ya había desaparecido el primero le apareció una nueva lesión en el hígado, de la cual no es claro si se liberó del todo. Fuentes informadas de su caso explican que la mantiene controlada con una estricta dieta. Raisa es la perra de mayor edad, tiene 15 años y ha convivido con Iván y su esposa, Pilar Rueda. En la cotidianidad de su residencia, las perras son guardianas activas de su intimidad. Según testimonios, quienes visitan al senador en su apartamento deben “aguantarse los ladridos” de las tres. La pareja mantuvo una dinámica de viviendas separadas durante los primeros cinco años de su matrimonio, desde que se casaron por lo civil en 2014 hasta el año 2018, cuando el primer cáncer los unió para vivir juntos. Iván Cepeda vivió una transformación radical en sus hábitos cotidianos tras ser diagnosticado dos veces con cáncer. Antes de este quiebre en su salud, era un hombre que disfrutaba de la buena mesa, los quesos, los vinos y el whisky, aunque siempre mantenía un control riguroso de sus tragos en reuniones públicas para no perder el dominio de sí mismo. Hoy en día, quienes lo conocen de cerca, dicen que la dieta del candidato se rige por un rigor extremo donde predominan los vegetales y las carnes blancas, como el pollo y el pescado, preparados exclusivamente de forma hervida o al vapor. Ha eliminado por completo de su alimentación las carnes rojas, las porciones abundantes y el licor. La práctica de la meditación en Iván Cepeda, afirman las fuentes con las que ha hablado EL COLOMBIANO, se entiende como una herramienta dentro de un esfuerzo deliberado por desarrollar lo que sus allegados denominan una “calma construida”. Esta serenidad, que a veces transmite, no es un rasgo innato de su temperamento primario, sino “un carácter forjado”. Por eso, por momentos, da la impresión de ser un hombre contenido o autocontrolado. Esa versión de Cepeda contrasta fuertemente con su rol en el Congreso desde 2010, donde ha cuestionado al expresidente Álvaro Uribe con vehemencia e incluso, antes de la primera vuelta, a Paloma Valencia. E incluso en diálogos con periodistas donde intenta imponer el ritmo de las preguntas y respuestas. Los padres del hoy candidato presidencial del Pacto Histórico, quien perdió la primera vuelta presidencial ante Abelardo De la Espriella, fueron figuras profundamente simbólicas para la guerrilla de las Farc. Si bien su papá, Manuel Cepeda, siempre apareció como dirigente del Partido Comunista, las dos organizaciones fueron uña y mugre, dos caras de una misma moneda, desde el nacimiento de las Farc y hasta 1993 cuando rompieron cobijas. El cariño era tal que otro de los frentes de las Farc también adoptó el nombre de Manuel Cepeda, así como lo habían hecho ya con Yira Castro. Tal vez a ninguna otra pareja las Farc le han hecho tal ‘honor’. Pero es que la relación entre Manuel Cepeda y Manuel Marulanda era particularmente entrañable. Cuando el presidente Guillermo León Valencia bombardeó Marquetalia (Tolima), Marulanda logró escapar del cerco militar con un grupo de campesinos, se escondió en la montaña y creó las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc. Cepeda protestó y fue a parar a la Modelo de Bogotá por “actividad revolucionaria”. En la cárcel aprovechó para escribir un libro de poemas titulado “Vencerás Marquetalia”, dedicado a la resistencia campesina en ese entonces. Incluso escribió un poema a alias Tirofijo, a quien comparó con el viento. Iván Cepeda, a finales de los 80, visitaba el comando central de las Farc, Casaverde, y era recibido por Tirofijo, Jacobo Arenas y Alfonso Cano, según él mismo ha contado. Entérese: A un año del atentado contra Miguel Uribe Turbay, su hermana invita a izar la bandera en su memoria Para mantener un equilibrio y no sucumbir a la presión de la guerra política, Cepeda utiliza la escritura diaria como su principal terapia y conexión con la realidad. Quienes lo conocen de cerca dicen que escribir le permite organizar sus pensamientos y destilar sus emociones antes de convertirlas en discursos públicos. Esta rutina explica su aferro al papel para comunicar sus pensamientos. A eso se suma, dice León Valencia, su estilo de vida austero, como no tener carro porque no sabe conducir o aferrarse a las viejas formas de, por ejemplo, escuchar música en formatos de vinilo o acetato, como se le conoció al long play, LP. Desde los años 70 y 80, Cepeda ha utilizado camisas de cuello tipo “Mao”. También era común verlo con busos de “cuello tortuga”, dice una fuente que lo conoció en la militancia. “Era mostrar una austeridad comunista que no se distinguiera de la base social. La idea era parecerse al pueblo”, afirma. Sin embargo, también hay que decir, hoy vive cerca del Parque de la 93 de Bogotá, una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Debido al gran volumen de la herencia de su padre, Manuel Cepeda, y a las colecciones que él mismo acumuló durante su juventud, Iván Cepeda alquiló una bodega en Bogotá. Este lugar sirve para resguardar lo que allegados describen como una “gran biblioteca” de clásicos del marxismo e historia de Colombia. Cepeda heredó de su padre el gusto por el coleccionismo. El periodista ´Pacho’ Escobar, del medio Casa Macondo, cuenta en un perfil de Cepeda que “en los textos que dejaron Manuel y Yira se pueden ver citados los libros que alimentaban su ideología: El Capital, de Karl Marx; ¿Qué hacer?, de Vladímir Lenin; Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon; El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse; La sociedad del espectáculo, de Guy Debord; Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, y Vigilar y castigar, de Michel Foucault, entre otros”. El círculo de influencia de Iván Cepeda es selecto. En l a cima de este núcleo se encuentra su esposa, Pilar Rueda Jiménez, quien es descrita como su “guía”. Pilar es la persona principal a la que Cepeda escucha en su intimidad y para tomar las decisiones más fundamentales de su vida personal y profesional. Junto a ella, su hermana María Cepeda Castro. Cepeda es definido como un hombre de férrea “disciplina de partido”, por eso mantiene contacto con líderes del Partido Comunista, la Unión Patriótica y el Polo Democrático Alternativo. A nivel estratégico, la relación con Gustavo Petro es de confianza y comunicación fluida. Con José Félix Lafaurie, presidente de Fedegan, mantiene contactos desde el proceso de paz con las Farc en 2016. Para Iván Cepeda, su biblioteca no es un objeto de decoración, sino que lo define. Su amigo León Valencia, autor del libro “Iván Cepeda, una vida contra el olvido”, cuenta que en la biblioteca del candidato del Pacto hay libros de Sócrates y diversos pensadores, así como otros que lo han acompañado en sus múltiples exilios y regresos al país. Cepeda siente una fascinación profunda por Sócrates, no solo como pensador, sino como una personalidad política incómoda que prefiere la muerte (la cicuta) antes que renunciar a decir la verdad en la polis. Aunque también en su sala tiene un busto de Nicolás Maquiavelo. En entrevistas ha destacado a Rosa Luxemburgo, defensora de la paz, por cuestionar dogmas; a Hannah Arendt para pensar la condición humana y el poder, y a Martha Nussbaum para entender cómo las emociones (miedo, ira, odio) se entrelazan con la política. Utiliza las lecturas de Nussbaum y del nieto de Gandhi, Arun Gandhi, para “aprender a educar las emociones y evitar que la búsqueda de justicia se convierta en resentimiento o venganza”. También le puede interesar: Esto pasaría si gana el voto en blanco a la presidencia en segunda vuelta: le contamos Iván Cepeda no es una persona “futbolera” ni sigue el ciclismo. León Valencia señala que Cepeda no tiene equipo favorito , no llena álbumes de láminas ni se involucra en el mundo deportivo, describiéndolo como un hombre “consagrado a la política” que no tiene espacio en su vida para este tipo de aficiones. Aunque suele ser catalogado como alguien muy serio, le gusta la sátira y la ironía.

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