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La dictadura del algoritmo: un experto desvela las claves de la viralidad en redes
Cope Zaragoza

La dictadura del algoritmo: un experto desvela las claves de la viralidad en redes

Cualquier usuario de redes sociales como Instagram o TikTok se ha preguntado alguna vez qué hace que un contenido se vuelva viral de la noche a la mañana. Detrás de este fenómeno no hay casualidad, sino una potente maquinaria diseñada para captar nuestra atención. Para desgranar esta realidad, el programa 'Herrera en COPE Cataluña' ha contado con la intervención de Juan Francisco Jiménez, profesor de Periodismo y secretario del Centro de Innovación Tecnológica e Inteligencia Artificial de la Universitat CEU Abat Oliba, quien ha arrojado luz sobre la llamada "dictadura del algoritmo". Para entender por qué un vídeo o una noticia alcanza millones de visualizaciones, es fundamental comprender la lógica que mueve a las grandes empresas tecnológicas. Según explica Jiménez, tanto las redes sociales como los buscadores operan bajo un algoritmo cuyo objetivo principal está ligado a su modelo de negocio. Este modelo se basa en un recurso cada vez más preciado y escaso: la atención del usuario. "La atención de una persona hoy en día es el oro del siglo XXI porque la atención monetiza, y monetiza mucho", afirma el experto. Mantener a una persona conectada unos segundos o minutos se traduce directamente en ingresos. El criterio que rige estos algoritmos es, por tanto, mantener la atención de la persona el mayor tiempo posible. Para lograrlo, las plataformas recurren a lo que Jiménez denomina "neurofactores", ya que conocen muy bien cómo funciona nuestro cerebro. Saben que para mantenernos enganchados necesitan ofrecernos un flujo constante de contenido estimulante, ya sea porque trata un tema que nos interesa, porque genera morbo o porque despierta nuestra curiosidad. El algoritmo, en esencia, prioriza y premia a aquellos creadores de contenido que le ayudan a cumplir su objetivo de negocio. El estímulo más eficaz para capturar la atención es la emoción. Contenidos que provocan indignación, escándalos o insinuaciones de todo tipo funcionan especialmente bien porque generan una respuesta emocional inmediata. De hecho, el profesor Jiménez no duda en afirmar que "estamos en la era de la comunicación emocional" porque no hay nada que genere más interacción y adscripción que la emocionalidad. Las propias reacciones disponibles en las redes sociales —el 'me gusta', el 'me enfada', la 'sorpresa'— son un termómetro de esta realidad. En este contexto, la veracidad de la información pasa a un segundo plano. "Al consumidor, cuando lo que quiere es ser entretenido y no informado, le da igual si la cuestión tiene un sesgo, si está contrastada o no", señala Jiménez. Este es el caldo de cultivo perfecto para la desinformación y las 'fake news', que son utilizadas desde múltiples esferas, especialmente la política, para generar polarización o favorecer una ideología. El experto recuerda que no es un fenómeno nuevo, citando el caso de Cambridge Analytica o cómo "Obama fue el primer presidente que utilizó las redes sociales y entendió perfectamente el algoritmo para ganar su primera legislatura". Esta lógica choca frontalmente con los principios fundamentales del periodismo. Juan Francisco Jiménez es tajante al respecto: "el periodismo se equivoca si sigue la lógica de las tecnológicas". Mientras que el negocio de las plataformas se basa en la "monetización de la atención" y el "clickbait", la misión del periodismo es otra completamente distinta. Su centro, defiende, es "aportar a los ciudadanos una información fidedigna, contrastada, sin sesgos, para poder ayudarle a ejercer su ciudadanía en un entorno democrático de manera más efectiva". Jiménez critica prácticas adoptadas por algunos medios que, imitando a las tecnológicas, van en contra de las bases periodísticas. Un ejemplo claro es la "brecha de la curiosidad" o 'curiosity gap', que consiste en crear un titular con un suspenso informativo y no resolver la pregunta hasta el final del texto. Esta técnica, que busca aumentar el tiempo de permanencia del lector, es contraria a la clásica pirámide invertida, que enseña a ofrecer lo más importante al principio. "Va en contra de las bases periodísticas de toda la vida", lamenta. Frente a la lógica de la cantidad —clics, visualizaciones— que impera en internet, el periodismo debe, según el profesor, poner en valor la calidad de sus lectores. La diferenciación radica en construir un "vínculo editorial, emocional, pero también intelectual" con la audiencia. Para el ciudadano, la única herramienta de defensa es la alfabetización mediática y el fomento del espíritu crítico. Jiménez aconseja "poner en cuarentena" aquella información que confirma lo que ya pensábamos o que genera una "reacción emocional muy grande", y preguntarse siempre por la fuente. Una capacidad crítica que, concluye, es "fundamental" para la salud democrática.

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