Cope Zaragoza
Con la llegada del buen tiempo, la exposición al sol se convierte en una constante. Aunque es fundamental para funciones vitales como la producción de vitamina D y la regulación de los ritmos circadianos, también esconde peligros que van más allá de una simple quemadura. La doctora Cristina Sáenz, del Centro Médico Estético Ruiseñores, advierte sobre la desinformación y los riesgos de una exposición solar sin control, subrayando que muchas creencias populares son erróneas y peligrosas. A nivel estético, el sol es uno de los principales responsables del envejecimiento prematuro. La doctora Sáenz explica que la radiación solar provoca la "rotura de las fibras de colágeno y elastina", que son la red de soporte de la piel. Cuando esta estructura falla, la piel pierde elasticidad, un fenómeno conocido como elastosis, y se forman arrugas mucho más profundas debido al adelgazamiento de la piel. Además del daño estructural, el sol altera la producción de melanina. El cuerpo genera esta capa para protegerse, pero "cuando esa capa de melanina muchas veces no se genera de manera uniforme o no desaparece de manera uniforme, también aparecen las famosas manchas", conocidas como léntigos solares. Estas discromías, junto a las pecas, son una señal visible del daño solar acumulado. El efecto más grave de la exposición solar es el aumento del riesgo de cáncer de piel. La doctora Sáenz destaca que "al final son daños que se van acumulando y la piel tiene memoria". Por ello, los dermatólogos suelen preguntar a los pacientes con lesiones sospechosas si han tenido quemaduras solares en la infancia o si trabajan al aire libre. Una exposición intermitente pero intensa en el pasado puede manifestarse décadas después. El sistema inmune, que en la juventud repara eficazmente las mutaciones celulares, pierde efectividad con la edad. "Con la edad, esa reparación, ese sistema inmune, pues se le van colando cosas", afirma Sáenz. Esto puede permitir que un grupo de células dañadas se multiplique sin control, dando lugar a lesiones precancerosas como la queratosis actínica, carcinomas o el temido melanoma. El aumento de diagnósticos de melanoma en los últimos años no se debe a una mayor incidencia real, sino a que "la gente hace una mayor autoexploración" y acude más al médico. A esto se suma el aumento de la esperanza de vida, ya que la capacidad de generar una mutación es mayor a los 80 años que a los 40. Existe una corriente de aversión a las cremas solares por sus "químicos", una idea que la experta califica de "totalmente errónea y peligrosa". Sáenz desmiente el mito de que impiden la síntesis de vitamina D, explicando que basta con que "un centímetro del cuerpo sin colocar esa crema" quede expuesto. Además, una exposición de 5 a 20 minutos antes de las 10 de la mañana es suficiente y segura para producirla. Para quienes ya sufren los efectos del fotoenvejecimiento, la medicina estética ofrece soluciones. Como la capacidad de reparación de la piel se pierde con los años, se recurre a tratamientos para "estimular esa capacidad de reparación y para crear nuevas redes" de colágeno y elastina. Terapias como el plasma rico en plaquetas, los inductores de colágeno o los exosomas ayudan a generar nuevas células y a mejorar la salud de la piel, adaptándose a las necesidades de cada paciente.
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