Vanguardia
Voy a decirlo con todas sus letras: güevones –es decir, holgazanes, perezosos– ha habido siempre, y en todos los países. Debe haber japoneses güevones, digo yo, y hasta alemanes. Aun en los pueblos más laboriosos ha de existir un güevonazo por lo menos. Algún menonita tiene que estar por ahí tirado a la bartola, rascándose la panza y regiones aledañas, sin hacer caso de las exhortaciones de sus compañeros, que lo incitan, Biblia en mano, a ganarse el pan con el sudor de su frente.
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