Diario de Noticias
“Bienaventurados” (Selig, en alemán) es la palabra que abre y cierra el esperanzador monumento musical del Réquiem de Brahms. Bienaventurados todos, pero especialmente los que lo interpretan, porque, sobre todo para el coro, es, sin duda, una de las obras más duras de sostener en su altísima y continua exigencia. Quien lo haya cantado sabe que, después de cantar un Réquiem de Verdi, por ejemplo, se puede cantar otro, pero con el de Brahms, se llega exhausto.
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