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Pastora Soler: «Mi hija mayor me salvó. No sé cómo hubiera gestionado el proceso sin su ayuda» | Collector
Pastora Soler: «Mi hija mayor me salvó. No sé cómo hubiera gestionado el proceso sin su ayuda»

Pastora Soler: «Mi hija mayor me salvó. No sé cómo hubiera gestionado el proceso sin su ayuda»

Cuando una artista lleva tres décadas pisando escenarios , platós y estudios de grabación, aprende a sobrellevar con naturalidad la carga de la promoción. Hay quien ni siquiera disimula el poco interés que le despierta esa obligación, pero Pastora Soler lo lleva tan bien que parece disfrutarla: muestra interés, satisface la curiosidad con respuestas directas y ofrece una versión real de sí misma, o al menos honesta, lo cual dice mucho de su actitud. Es la cantante cuya voz conquistó el Festival de Eurovisión, pero la misma que lo dejó todo cuando su mundo se vino abajo y, sobre todo, también es Pilar, Pili, la chica que todos conocen en Coria desde que era una niña, la que queda los viernes a tomar una cerveza en una terraza con su pandilla, ese grupo que no la trata como una estrella sino como su amiga: «Parece como si lo importante fueran los hitos de una carrera cuando, en realidad, la vida está hecha de pequeños momentos, esos caramelitos que te hacen disfrutar con lo inesperado. Como la canción que grabé con Alejando Sanz (ya solo le quedaría por cumplir el sueño de cantar con Céline Dion ), la emoción al pisar por primera vez el escenario del Teatro Real o del Liceo de Barcelona, la conexión mágica que se crea con el público en cada concierto cuando canto 'La mala costumbre', porque lloramos, nos emocionamos… Son muchos detalles los que te marcan a lo largo de los años». En un mundo cada vez más crispado e individualista, la voz de Pastora reivindica el agradecimiento con 'Mi salvavidas': «Yo me he hecho fuerte con ayuda de la gente que me quiere y me protege, que a lo largo de mi vida han sido bastantes. No las puedo olvidar. Debemos tener presentes en nuestro corazón a quienes están a nuestro lado dándonos toda su energía. Son lo contrario a esos chupópteros que tanto daño hacen». De toda esa gente, hay una persona que destaca como salvavidas: « Mi hija mayor me salvó . Al mes de retirarme me quedé embarazada. No sé cómo hubiera gestionado el proceso sin su ayuda. De su personalidad, la cantante destaca «la empatía, porque eso me lleva a ser buena persona. Soy de evitar los conflictos, de ayudar, de ponerme al otro lado. Sé que este mundo es muy competitivo, pero es lo que me sale». Le gustaría quitarse de encima alguna inseguridad: «Tengo un máster en 'si hubiera hecho esto', la especialidad de la casa, por eso me he propuesto hacer ejercicios para no analizar lo malo, para quedarme con lo bueno. Voy corrigiendo eso poco a poco. Como el perfeccionismo, que trae problemas llevado al extremo. Mis malos momentos vinieron por la autoexigencia . Soy muy responsable. Solo mis hijas me hacen desconectar y no enfadarme conmigo misma si no dedico más tiempo al trabajo». Pastora celebra otro aniversario, los 25 años junto a su marido, el coreógrafo Francis Viñolo: «Pero los cuatro primeros solo fuimos compañeros y amigos, ni se me pasó por la cabeza tener una relación. Y ese proceso nos ayudó a crear un vínculo muy fuerte: construir el amor desde la amistad te permite reforzar la complicidad, la confianza. Somos un equipo». Luego llegó la maternidad y su vida dio un vuelvo: «Ya no era el centro de atención de todo, ahora lo son ellas. Aprendes a trabajar emocionalmente. No creo que hubiera vuelto a cantar si no es por ellas. Y yo que no he sido una madre miedosa, me enfrento ahora a la montaña rusa de la preadolescencia con cierto respeto, porque es el momento de forjar la personalidad». Siempre que vuelve al pueblo, Pastora se siente a salvo: «Allí me equilibro y me quito de encima la artista». Lo único que la altera es «la falsedad, la hipocresía, el postureo», que aparta mientras reivindica lo sencillo para alcanzar la felicidad: «El café de la mañana, la ducha después del entreno, cuando voy a recoger a las niñas al colegio, las cervecitas con los amigos, esos nervios antes de salir al escenario y el momento en que ves las caras del público… Y navegar. Mirar el mar, que me inunda de paz. No tengo ningún sueño secreto, la vida ya es un regalo. Y todos estos momentos son lo único que busco». El emoji que más usa: «El que se lleva las manos a la cabeza. Es que soy muy despistada, me olvido de todo y meto la pata». Se haría un selfi con: «Me habría gustado hacerme uno con Rocío Jurado, la más grande. En esa época no se hacían». Un momento 'Tierra, trágame': «¡Me pasan tantos! Es que soy como Mr Bean. Soy tan desastre que mis amigos me llaman 'Patosa Soler'». Un sacrificio por la fama: «Los he hecho, pero por mi trabajo, por la música. He perdido tiempo para disfrutar de mi familia, sobre todo de mis padres, que ya no están. Además, las dietas y los hábitos a los que me obligo». Algo que no puede faltar en su día a día: «Mi café. Es lo primero al abrir el ojo». Un lugar para perderse: «Redescubriendo Sevilla, mi ciudad, paseando o en un barquito por el río». Tiene miedo a: «Tengo fobia a las serpientes. Luego los miedos relacionados con los niños, con que les pase algo, o a la gente que quiero». Su primer beso: «Una mezcla de sensaciones, desde el vértigo al amor, al miedo, incluso al asquito. Pero es un recuerdo positivo». Un propósito que nunca cumple: «Terminar la carrera de Historia del Arte. Me faltan dos cursos, pero en septiembre me voy a matricular. Porque dar clases de piano, que tenía pendiente, ya las hago». Dentro de diez años se ve: «Espero mantener este momento vital tan bonito de ahora, que me dure. Aunque me da miedo la menopausia y sus efectos, los sofocos, los calores, porque no quiero que me hagan parar. Por si acaso, entreno mucho para estar bien». La pequeña Pilar : «Era una soñadora que se pasaba todo el tiempo cantando. Era muy tímida, las canciones era mi forma de expresarme. Era presumida, buena, en mi mundo escuchando música. Cantaba frente al espejo los cuplés de Juanita Reina. Y en el colegio era muy empollona, siempre en primera fila, modosita, nada gamberra. Lo mío eran las asignaturas de Letras, pero me apunté a Ciencias por mis hermanos. Al final me tuve que cambiar».

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