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España y la afición mallorquina se regalan una noche para recordar, Son Moix se reconcilia con el fútbol | Collector
España y la afición mallorquina se regalan una noche para recordar, Son Moix se reconcilia con el fútbol
Cope Zaragoza

España y la afición mallorquina se regalan una noche para recordar, Son Moix se reconcilia con el fútbol

Toda crisis es un punto de partida. Puede ser casualidad que tan solo dos semanas después de concluir un ciclo agónico del RCD Mallorca culminado con el descenso, la alegría de un gran partido de España iluminara Son Moix. Puede ser casual porque en teoría nada tiene que ver una cosa con la otra, el partido de España estaba fijado desde hacía meses, con motivo del centenario de la Federación Balear (FFIB), contando con una España con jugadoras mallorquinas que son fundamentales en el equipo nacional, todo parecía cuadrar para que aterrizara en Son Moix la selección española. Además en un gran partido ante Inglaterra, mejor partido imposible. Donde hubo tristeza llegó la alegría, donde hubo crispación llegaba la euforia, donde hubo silbidos y cánticos acusatorios, llegaban aplausos y una ola recorría la grada de Son Moix con rostros iluminados. El mismo escenario 13 días después. No tiene nada que ver y tiene que ver todo. Es decir, son dos historias distintas en el mismo escenario. Y sin embargo,  una gran noche de ilusión y alegría había de alguna forma borrado el mal poso que había dejado el descenso del Mallorca. Nada cambia para el Mallorca, el equipo está en Segunda por demérito propio, porque se lo ha ganado, pero en ese escenario volvía la alegría con un partido de España. Hubo mucho de simbólico en la noche del viernes en el España-Inglaterra que le puede aportar mensajes al Mallorca. Cuando Demichelis habla de reconstrucción quizá hable de esto. Era una reconciliación del escenario con el fútbol, con la nobleza de jugar bien a este deporte, querer agradar pero haciendo las cosas con sentido, de no engañar, de no aparentar, de no fingir, de ir de verdad abrazando el espíritu primigenio del juego. Jugar en equipo, disputar con nobleza el balón, hacerlo con pasión, con ilusión. Pongamos como ejemplo a la joven Lucía Corrales. La lateral mallorquina lo hizo todo bien, cada decisión que tomó fue correcta, cada pase fue acertado, cada esfuerzo fue adecuado, no regateó ningún esfuerzo. Lucía no sólo se sumó al ataque sino que fue infranqueable. Su forma de jugar ejemplifica qué es la nobleza, jugar de verdad. El encuentro será inolvidable para la afición mallorquina, también para el equipo y en particular para las cuatro mallorquinas. Llevan muchos años Patri, Mariona y Cata triunfando en el fútbol lejos de casa, como la joven Lucía lleva también ya unos años haciendo una carrera que promete mucho. Poder hacerlo en casa ante su gente con el equipo nacional son palabras mayores. En un año en el que el fútbol no ha dado premio a la afición mallorquina, fuera por el descenso del Mallorca, fuera por el no ascenso de At.Baleares y Poblense, este partido puede haber significado un soplo de aire fresco, una alegría para demostrarnos que siempre hay otro partido. Mientras el balón ruede hay una oportunidad para reconciliarse con el fútbol. Si además es el equipo de todos y que es de un gran nivel futbolístico, supone una alegría para el corazón. Ver de nuevo a un equipo queriendo robar el balón en cuanto lo pierde, que juega a gran ritmo, con alegría, que hace esfuerzos continuados, que intenta siempre asociarse, que busca un gol y luego otro. Miren, solemos hablar de fútbol masculino o fútbol femenino cuando se trata de fútbol. En cierta ocasión le pregunté a una persona de la cultura sobre dos grandes compositores de la historia: "¿quién le gusta más, Bach o Mozart?" Me contestó algo tan sencillo que no lo he olvidado nunca. "Cuando escucho a Bach lo disfruto, cuando escucho a Mozart lo disfruto". Vivir en la comparación resta brillo a lo que hacemos, en un mundo en el que todo es comparación, pensar en lo que no es mientras ves lo que es, puede ser tan desconcertante como frustrante. Pero sobre todo te resta la capacidad de admirar algo, lo que es. Para algunos y algunas, es inevitable la comparación, lo hacen cuando ven deporte masculino y lo hacen cuando ven deporte femenino. Es la misma comparación tramposa que pone en frente a hombres y mujeres, porque en la separación vive la mediocridad y la mediocridad necesita atención para tener relevancia. Quien separa recibe atención, es paradójico pero así ocurre. Decía el Papa Leon XIV sobre el deporte en el encuentro con la sociedad en el Movistar Arena, que "pensemos cuántos de nosotros aprendimos el respeto por el adversario en un campo de juego más que escuchando un discurso. Cuántos deportistas nos enseñan a perder sin odiar, a ganar sin humillar. O a levantarse después de caer". Un mensaje que nos devuelve a los valores del fútbol, muchos de ellos defendidos por el equipo nacional el pasado viernes. Podemos pensar que vimos un gran partido de fútbol femenino en Son Moix y es cierto, podemos convenir finalmente que vimos un gran partido de fútbol, jugado y vivido con un espíritu que nos reconcilia con lo que un día creó el fútbol.

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