El Plural
La histórica y multitudinaria visita del papa León XIV a Madrid albergó en su interior uno de los secretos mejor guardados de todo su itinerario oficial. Muy pocas personas conocían que el pontífice utilizaría de forma estratégica las instalaciones de Torrespaña para realizar un cambio técnico de vehículo antes de continuar con su agenda. La primera pista de que algo insólito iba a ocurrir en el Pirulí se hizo evidente al mediodía, cuando la garita de seguridad de la entrada de la calle O'Donnell permaneció con la puerta entreabierta y custodiada por una compañera, una estampa completamente inusual para un domingo en el que dicho acceso permanece cerrado. Poco a poco, desafiando el intenso calor de la jornada, decenas de trabajadores que regresaban de cubrir la multitudinaria misa en Cibeles y otros tantos que preparaban sus equipos técnicos para desplazarse hacia el Palacio de los Deportes se fueron congregando expectantes en los patios centrales. La incertidumbre terminó de despejarse a las 16:39 horas, momento exacto en el que la comitiva policial escoltó la entrada del papamóvil, cuyos asientos permanecieron protegidos por una lona durante casi una hora con la intención de mitigar las altas temperaturas de la capital antes de la llegada del santo padre. La tensa espera de los operarios culminó a las 17:38 horas con la entrada del coche oficial negro que transportaba al pontífice. El agustino de 70 años sorprendió al medio centenar de profesionales allí reunidos al descender del vehículo y subir al papamóvil descubierto con una agilidad pasmosa. El líder de la Iglesia católica no realizaba este trayecto en solitario; lo acompañaban de cerca el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, y su secretario personal, el sacerdote chiclayano Edgar Rimaycuna. Nada más verle acomodarse en el Mercedes modelo 500, los trabajadores de la radiotelevisión pública rompieron en un caluroso aplauso colectivo, coreando entusiasmados algunas de las consignas que habían estado escuchando a los fieles durante las coberturas previas de la jornada. El director de Informativos de TVE, Jon Ariztimuño, alzó la voz para exclamar un directo "Bienvenido a RTVE" mientras el vehículo maniobraba. Al escucharlo, León XIV reaccionó con un espontáneo y cariñoso gesto de complicidad que rompió de inmediato la rigidez del protocolo vaticano: se señaló firmemente los ojos con dos de sus dedos y, mirando fijamente a los profesionales congregados, les espetó un rotundo "Yo os veo". Este guiño fue recibido por el personal como un sincero agradecimiento a la ingente labor de los 660 profesionales desplegados por la corporación pública para esta cobertura histórica, cuya misión no era otra que la de producir y distribuir la señal institucional del viaje papal con un estándar de calidad y un oficio que sirven de referente internacional. La repercusión de la anécdota en el Pirulí no tardó en trasladarse al plano mediático y digital, convirtiéndose rápidamente en uno de los contenidos más compartidos y comentados del día por la audiencia. El conocido periodista Carlos del Amor no deció pasar la oportunidad de reaccionar en sus...
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