Cope Zaragoza
El histórico fin de semana de actos con el Papa León XIV ha concluido, pero su eco resuena con fuerza entre los miles de jóvenes que participaron. Una de ellas es Cristina Ramírez, quien hace un balance "completamente positivo" de la experiencia. Para ella, ha sido "muy impresionante estar ahí rodeados de tanta gente", una vivencia que califica de inolvidable y enriquecedora. La masiva afluencia de personas fue uno de los grandes protagonistas del evento, generando tanto asombro como desafíos logísticos. Cristina y su grupo tuvieron "la suerte de poder llegar a los sitios que nos habían asignado", pero no todos corrieron la misma suerte. "Conocemos gente de otros grupos que o les cambiaron de sector a última hora o se tuvieron que quedar fuera porque el aforo estaba completo", relata. La clave de su éxito fue la planificación: "Como planeamos para ir con tiempo a todos los sitios, la verdad es que pudimos entrar sin problema, pero vamos, por los pelos". De los mensajes lanzados por el Pontífice, uno ha calado especialmente hondo en Cristina: la llamada al recogimiento. "A mí me gustó mucho la parte de la vigilia de oración en la que dijo lo importante que era hacer silencio", confiesa. Considera que es una idea de gran valor "en la sociedad de hoy en día, que vivimos rodeados de tantos estímulos y tantas cosas que nos impiden pensar". Por ello, el mensaje de "entrar en nuestro interior para para conocernos y para estar más cerca de Jesús" le pareció fundamental. La sensación de comunidad y la "universalidad de la iglesia" es otro de los recuerdos imborrables para esta joven. Aunque ya había vivido experiencias similares como la JMJ o el jubileo y era "un poco más consciente de dónde estaba yendo", la magnitud del evento no deja de sorprenderla. Señala que para la gente de su grupo que vivía su primera "experiencia de iglesia universal", el impacto fue mucho mayor: "impresiona mucho estar rodeado de tantos jóvenes y de tanta gente que vive la fe como tú". Ante la pregunta de si estos actos multitudinarios suponen un "resurgir" de la fe, Cristina ofrece una matización. "No sé si es un resurgir o no, pero la gente ahora está siendo más visible", argumenta. Sostiene que es un fenómeno que "ya estaba allí", pero que antes "pasaba más desapercibido" y ahora, con herramientas como las redes sociales, "se muestra algo que antes no se mostraba". Estas plataformas digitales, según Ramírez, han ayudado a que "el mensaje llegue a gente que igual si no, no lo hubiera recibido". Pero su principal efecto ha sido interno, en la propia comunidad de creyentes. Ha observado que "los propios jóvenes no tenían ese valor para hablar de su fe tan públicamente como lo están teniendo ahora", y el "ver ejemplos de gente que lo muestra" les anima a "tener todo el valor de mostrarlo también". La experiencia también ha supuesto un considerable esfuerzo físico, especialmente por la falta de descanso. "Dormimos poco", admite Cristina. La logística de los grandes eventos obligaba a un ritmo exigente: "entre que salíamos de la vigilia y llegamos al alojamiento, y luego cenar un poco tarde ... yo me estaba echando a las 2 y pico de la mañana, y a las 5 y media, 6 menos cuarto estábamos arriba". Este madrugón extremo no era un capricho, sino una necesidad para asegurar un sitio en la misa del día siguiente, tras ver que "había gente que no había podido entrar en sus sectores". A pesar del cansancio acumulado, el sentimiento final es de plena satisfacción. Como concluye la propia Cristina, el esfuerzo "vale la pena", una afirmación que resume el sentir de muchos jóvenes que, como ella, han visto su fe reforzada en un fin de semana que ya es historia.
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