ABC
Al poco tiempo, nos dimos cuenta de que estábamos sentados sobre un hormiguero, y nos pareció una imagen certera de lo que era la existencia: allí, pegados a un árbol sobre una mediana del paseo de la Castellana, frente a Nuevos Ministerios, asados de calor y trepados por las hormigas. Los insectos, que parecen todos el mismo, seguían empeñados en su mundana tarea de traer y llevar cosas, de entrar y salir de la alcantarilla ajenos a las mochilas, a las espaldas que a esa hora ya dolían, a los traseros anquilosados y a los pies de fosfatina. Una chica venida desde Jacksonville intentaba pronunciar la palabra «hormiga», que ella llamaba «hormigo», y se reía. Pasó el Papa en un... Ver Más
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