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"Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural , en cada circunstancia de su existencia. ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano?". Las palabras fueron pronunciadas por el papa León XIV este lunes en la sede de la soberanía popular, la misma cámara que hace 17 años se unió para consagrar legislativamente el aborto como un derecho irrenunciable de las mujeres. Ya entonces, la Iglesia católica se consolidó como la principal voz discordante en el avance de los derechos reproductivos, situando la interrupción libre del embarazo como enemigo a batir. Casi dos décadas después, las palabras del pontífice resucitan un debate que se creía resuelto en suelo español, alentado por un contexto internacional de avance reaccionario que busca resucitar viejos fantasmas. El movimiento feminista que ha peleado tradicionalmente por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres se encontró respaldado, allá por el año 2009, por el consenso social . Trazar una ley garantista y amplia no era una batalla residual, sino una demanda de la mayoría. Frente a ese sentir mayoritario, se situó la Iglesia. La Conferencia Episcopal dijo de la ley que era "objetivamente incompatible con la recta conciencia moral " y comenzó a hablar de "ideología abortista y de género". Los obispos reforzaron su narrativa en defensa de "quienes tienen derecho a nacer " y también escenificaron una supuesta preocupación por las mujeres que necesitaban apoyo para no ser "víctimas del aborto". Advertían de los peligros de confundir "la injusticia con el derecho" y no dudaron en sostener algunas de las pancartas que así lo expresaron en las calles. La ley del aborto de 2010 salió finalmente adelante y colocó a España en la vanguardia de los derechos reproductivos. A pesar del avance legislativo, los líderes religiosos no han adaptado su discurso a la realidad social de su tiempo, y ante cada mejora en el plano político, como la reforma de la ley aprobada hace ahora tres años, han vuelto a sacar las garras . Aquellos argumentos han sido gasolina para los grupos antiabortistas , los mismos que todavía hoy se sitúan frente a las clínicas de interrupción del embarazo para hostigar, amedrentar y violentar a las profesionales y mujeres que deciden atravesar sus puertas, desafiando la legislación vigente. El Código Penal contempla como delito el acoso frente a estos centros privados, en un contexto en el que abortar sigue sin ser un derecho garantizado en la red de hospitales públicos . Pero si hoy existe preocupación por las palabras de León XIV, aplaudidas por el grueso de los parlamentarios, es por el telón de fondo en el que se enmarcan. El discurso de buena parte de los líderes políticos a nivel internacional pasa por cuestionar o arrinconar el aborto como derecho. Ya no se trata solo de rosarios, sino también de políticas públicas. España se resiste al retroceso, pero desde hace años emergen cíclicamente intentos de cuestionar lo que es hoy un derecho consolidado. Sucedió en diciembre de 2024, al calor de la cumbre antiabortista celebrada en el Senado, en la que líderes ultras de todo el globo se dieron cita para clamar contra la "perversidad" del aborto . En aquel enclave participó el exministro del Partido Popular Jaime Mayor Oreja, un habitual en la difusión de los mensajes ultracatólicos contra el aborto. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también ha decidido dejar en vilo a millones de madrileñas que en los últimos años asisten atónitas a un retroceso que ya no es meramente discursivo, sino material. Madrid es la única comunidad que se ha opuesto firmemente a cumplir la legislación, poniendo resistencias a la creación de un registro de objetores tildado por la presidenta regional como "lista negra". En paralelo, la líder conservadora acaba de aprobar el proyecto de ley para considerar al concebido no nacido como un miembro más de la unidad familiar, una apuesta política que tiene mucho que ver con los postulados de la Iglesia. Pero si hay un partido que defiende sin matices las tesis antiabortistas, ese es Vox. La formación de Santiago Abascal plantea, como eje central de su proyecto político , "el derecho a la vida desde su concepción hasta la muerte natural". Los ultras son los responsables de exportar iniciativas idénticas a las puestas en marcha en otros países europeos, como la perversa propuesta de escuchar el latido fetal dirigido a las mujeres que deciden libremente interrumpir su embarazo. En la actualidad, tanto la derecha como la extrema derecha se han dado la mano a la hora de plantear enmiendas a la totalidad contra la reforma para blindar el derecho al aborto en la Constitucional . Todas ellas fueron rechazadas. En el Congreso, a la intervención del papa le siguió un sonoro aplauso. Pero fuera de sus pasillos, no fueron pocos quienes se pusieron en guardia y advirtieron de los riesgos que conlleva normalizar un discurso diametralmente opuesto a los derechos de las mujeres . Teresa Sáez reconoce preocupación. "Me parece una incoherencia", asiente la activista feminista al otro lado del teléfono, permitir tal negación de los "derechos de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas, sobre todo en un contexto en el que toda una legislación lo avala". Es, a su juicio, peligroso. Especialmente teniendo en cuenta un contexto internacional que se empeña en " volver a llevarnos al punto de partida , a reabrir debates de hace 40 años". Para la feminista Alicia Miyares , la posición expresada por el papa es sencillamente "doctrinal" y sigue la línea fielmente reproducida durante años por la Iglesia. No obstante, sí cree que existe una negación sistemática de las mujeres y sus derechos por parte de los líderes religiosos. "La Iglesia no se siente cómoda con las mujeres, existe una omisión constante y dentro de su seno están en una posición de subordinación", analiza. La cuestión no tiene tanto que ver con la posición expresada por el pontífice, sino con el silencio posterior y sus implicaciones a nivel político. El movimiento feminista se pone en guardia, igual que lo hizo ante la gran amenaza de retroceso protagonizada por el Partido Popular durante el Gobierno de Mariano Rajoy. En 2014, el entonces ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón , propuso recuperar el espíritu de la ley de supuestos de 1985, obligando a las mujeres a justificar su decisión de interrumpir voluntariamente su embarazo. Entonces, feministas como Alicia Miyares pusieron rumbo a Madrid, decididas a llenar las calles. El llamado Tren de la libertad congregó a decenas de miles de mujeres que se manifestaron para pedir la retirada del anteproyecto de ley con el que Mariano Rajoy quería modificar la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo y también la dimisión del entonces ministro de Justicia. Consiguieron ambas demandas . Cada vez que sobrevuela una amenaza de regresión, las feministas se atrincheran en la movilización que pasó enseguida a ser un hito histórico del movimiento. "En materias como estas, estamos fuertes para volver a hacerlo ", dice convencida Teresa Sáez. Aunque la activista reconoce que el feminismo no está "permanentemente organizado", sí cree que mantiene intacta la capacidad de responder ante un asunto clave como el derecho al aborto. "Vivimos en el día a día de las mujeres y sabemos que nos va la vida en ello", asiente.
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