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Brieva de Cameros, un pequeño municipio de poco más de 40 habitantes, se ha convertido en el epicentro de una de las tradiciones más arraigadas del mundo rural con su 24ª edición de la Fiesta de la Trashumancia. Esta práctica pastoril, declarada recientemente Bien de Interés Cultural en La Rioja, ha dejado una imagen de esperanza gracias a tres jóvenes primos: Marcos González, de 14 años, Isabel Rueda, de 16, y Lucía Rueda, de 23, quienes aseguran el relevo generacional. Marcos, que está a punto de pasar a 4º de la ESO, lleva ya tres años aprendiendo el oficio. Su andadura comenzó con tan solo 11 años, cuando despertó en él la curiosidad por un trabajo que, según cuenta, antiguamente "era el pan de cada día". Su madre fue su primera maestra, quien retomó esta tradición. "Me enseñó mi madre, pero hoy en día ella no esquila y, pues, sigo con mi prima Lucía, con mi otra prima Isabel y con algunos de mis tíos y gente mayor del pueblo que nos ayuda mucho y nos enseña mucho", explica Marcos. Por su parte, Isabel, con 16 años, ha decidido este mismo año dar un paso adelante para preservar las tradiciones de su pueblo. Se animó porque, aunque otros años lo había presenciado "desde el otro lado de la valla", tenía claro que quería ser partícipe. Tras un mes de prácticas intensivas con los pastores veteranos Fermín y Ángel, ha aprendido los fundamentos del oficio. "Este año, pues, decidí dar el salto a empezar a esquilar con tijera, hemos estado subiendo estos últimos cuatro fines de semana para practicar y la verdad es que super bien y muy cómoda", relata. El proceso de esquilar es sencillo a la par que complejo: se atan las patas de la oveja para inmovilizarla y se realiza el corte con tijeras. Si se produce alguna herida accidental, se utiliza un espray químico que ayuda a cicatrizar. Para Isabel, lo más importante es el respeto al animal. "Creo que lo más difícil que me he encontrado en el camino ha sido el respeto al animal, porque, claro, estás tú con unas tijeras, que, al fin y al cabo, es una herramienta peligrosa, y mi objetivo principal era no hacerle daño al animal ni cortarle ni nada", confiesa. Tanto Marcos como Isabel siguen los pasos de su prima mayor, Lucía Rueda, de 23 años, quien ha sido su mentora. Para ella, compartir ese momento con sus primos es un motivo de gran satisfacción. "Un orgullo muy, muy grande. Digamos que era una situación que siempre me había imaginado, que siempre la había soñado, pero este año que se ha hecho realidad, mucho orgullo", afirma emocionada. "Y que sigan la tradición, pues bueno, me parece que son impresionantes", concluye. Los vecinos de Brieva de Cameros pueden estar tranquilos sabiendo que el relevo generacional para mantener esta tradición está en buenas manos. El futuro de esta actividad pastoril centenaria, centrada en la oveja chamarita, una raza autóctona riojana, parece más vivo que nunca gracias al compromiso de estos tres primos.
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