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Los forofos de Dios 'rugen' en el Bernabéu | Collector
Los forofos de Dios 'rugen' en el Bernabéu

Los forofos de Dios 'rugen' en el Bernabéu

El Santiago Bernabéu, acostumbrado al griterío, ha puesto esta tarde a prueba sus límites de sonido en un acto que ha acogido a las diócesis de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe. «Supongo que para un jugador de fútbol, meter un gol en este estadio lo marca para toda la vida. La Iglesia de don José [Cobo] ha hecho un golazo para siempre », exclamó León XIV. Pero las gradas no estaban llenas de forofos del fútbol, sino de católicos de todo tipo: niños que saltaban de alegría, acompañados por padres aún más emocionados, monjas abrazadas y catequistas acompañados por sus ejércitos de pequeños catecúmenos. El público rezumaba felicidad. Se escucharon vivas al Papa, a la Virgen de la Almudena , al Cristo de Medinaceli y a todos los santos. ¡Viva, viva, viva! Los gritos de unos se cruzaban con los de los otros y nadie sabía muy bien a quién respondía con su «¡viva!» de vuelta. El evento reunió a familias, parroquias, movimientos y religiosos de la capital, en toda su alegre diversidad, sobre el campo de la casa del Real Madrid. Nadie quiso perdérselo, ni siquiera aquellos cuya diócesis no es la madrileña: «Hemos venido desde Dublín para ver al Papa» , cuenta sonriente Francisco, natural de Albacete pero residente en Irlanda, que ha viajado desde la tierra de San Patricio, junto a su hijo y su sobrino, para escuchar a León XIV. A su lado estaba Gonzalo, de la Parroquia de San Miguel Arcángel, en Fuencarral, acompañado por su mujer, hijos, sobrinos, suegra y unos amigos (no se quedó nadie en casa), que agitaban la bandera del Vaticano con el mismo espíritu del madridista más entregado. El acto lo abrieron DJ Pulpo y un truco de magia de Jorge Blas, los perejiles de todas las salsas, que dieron paso al testimonio de un grupo de preadolescentes. Arrancó un aplauso especialmente sentido Álvaro, un estudiante de Tres Cantos: «Jesús es un amigo de verdad» . Este chico, de sólo 12 años, contó que es monaguillo porque le hace «sentir más cerca lo que pasa en el altar» y pidió, ante las 80.000 personas allí presentes, que en las parroquias haya más actividades para niños y así poder crear una comunidad «y estar más cerca de Dios». «Os animo a ir a Misa, a rezar y hacer el bien, porque es lo que le gusta al Señor», terminó. La ovación fue digna del Bernabéu. También fue recibida con vítores Loreto, de su misma edad, con un emotivo y sincero alegato de fe: «Por la noche, antes de dormir, rezo un rato. Es mi momento de hablar con Jesús. Sé que me escucha y me da fuerza», contó sonriente. «Hay muchas formas de rezar, pero mi favorita es cantar» , apuntó, quizás en una referencia a San Agustín, tan querido por León XIV, y aquel «el que canta, reza dos veces». El propio Pontífice mencionó la importancia de la música durante su discurso ante los fieles: «Cantar es una necesidad que impregna la convivencia e interpela la cultura, la incita a permanecer abierta y en constante evolución», dijo. «En la Iglesia cabemos todos», destacó Patricia Pardo , que asumió la batuta del acto junto a su marido, Christian Gálvez . Tras dos estupendos números musicales, del grupo Valiván (con la canción 'La oveja perdida') y del jovencísimo Íñigo Quintero (que entonó 'Si no estás', un precioso himno sobre las crisis de fe), llegaron los dos grandes protagonistas, con permiso de León XIV: el Cristo de Medinaceli y la Virgen de la Almudena, recibidos con los pegadizos versos de «ven con nosotros al caminar, Santa María...». Y, cuando el público ya casi levitaba de alegría y emoción, por fin entró el sucesor de Pedro en el estadio, y fue recibido como las grandes estrellas que suelen pisar ese césped. Bustamante, Daniel Diges y Diana Navarro cantaban 'Alza la mirada' y la gente ya no sabía qué gritar. «¡Esta es la juventud del Papa!», cántico atemporal, fue el más repetido, entre ovaciones y alguna lágrima. «Me recuerda mucho a Juan Pablo II», comentó una mujer; «Eso es buena señal», respondió la que estaba a su lado. Sus palabras, seguidas con mucha atención por aquellos 80.000 corazones dispuestos y entregados, resonaron más allá del estadio. Este hombre sencillo, de sonrisa tímida y ojos brillantes, de tono tranquilo pero firme, se dirigió con esperanza a los millones de católicos españoles: «Vuestra alegría será contagiosa si, de ser una emoción pasajera, se convierte en un modo estable de ser, en un sentimiento profundo que renueva a las personas ». Que el júbilo y la fe desbordante de estos días, pues, no caduque con el final de su viaje apostólico.

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