ABC
Hay una hora por la mañana en la que siempre parece tarde. Es justo cuando cierras la puerta, le colocas la mochila al niño y sueltas un ¡A volar! Esa era la escena exactamente cuando la vi. Le llegaba el agua hasta los tobillos. Era mi nueva vecina de enfrente, a la que no conocía porque se acababa de mudar. Tenía abierta la puerta del apartamento y la cara tan pálida como las paredes recién pintadas. Quizá por eso no podía ni hablar. Dudé si tirar la mochila al suelo, sentar a la niña en la escalera ¡esto es más importante que el colegio! y ponerme a achicar agua. Pero poco podía hacer yo más que… llamar a otros vecinos... Ver Más
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