La Opinión de Málaga
Peter Pogacar mide el tiempo en días: Uno, el día que se convirtió en padre. Dos, los besos y abrazos que la niña le dio cuando él ni siquiera imaginaba que serían los últimos. Tres, el día de noviembre que Julija, su única hija, desapareció, junto a la madre de la menor, hace casi cinco años, en Eslovenia, su país de origen. Julija tenía 10 años. En unos días, la hija de Peter cumplirá 15 años. Y su padre "daría la vida" por saber que está viva y que, esté donde esté, se encuentra bien.
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