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En el fútbol, muchas veces la partida de nacimiento es lo de menos. También en la competición de selecciones, que se lo digan si no a 289 de los 1.248 futbolistas inscritos en el Mundial por los 48 equipos participantes. Nada menos que un 23,15% de los competidores en el torneo que está a punto de comenzar en Estados Unidos, México y Canadá, o lo que es lo mismo, casi una cuarta parte, llegaron a este mundo en un país distinto al que representarán en el campeonato. Las dinámicas coloniales y la emigración por causa de los conflictos o la inestabilidad política tienen mucho que ver con este fenómeno, que afecta en gran medida a combinados africanos, antiguas colonias caribeñas y países balcánicos, en los que las Guerras Yugoslavas de los años noventa provocaron un gran éxodo de población, principalmente hacia países centroeuropeos, y de Oriente Próximo, una región marcada por la tensión bélica. Así, la mayoría de los mundialistas que cambiaron de país sobre la marcha, en muchos casos por razones de antecedentes familiares, nacieron en territorio francés. Es el caso de las grandes potencias del Magreb, como Marruecos, Argelia y Túnez, así como de equipos del África subsahariana francófona como Senegal y la República Democrática del Congo. También de Haití, colonia gala hasta 1804, cuando se convirtió en la segunda nación independiente de América, siguiendo la estela de Estados Unidos. Ese pasado, marcado por el lazo histórico con el Imperio Francés, se aprecia hoy en unas convocatorias repletas de futbolistas nacidos en el país galo. Así ocurre con jugadores importantes como los argelinos Luca Zidane o Ryad Mahrez, los marroquíes El-Mourabet o Yassine, los tunecinos Mejbri o Achouri, los senegaleses Édouard Mendy y Pape Gueye o los congoleños Cédric Bakambu y Kalulu. Por otra parte, llama la atención la particular relación entre Curazao, una de las selecciones más exóticas del Mundial y representante del territorio más pequeño que jamás haya sido representado en el gran torneo futbolístico, y Países Bajos, la antigua potencia colonial entre la primera mitad del siglo XVII y el año 2010, cuando este particular país fue declarado autónomo tras un referéndum, provocando la disolución de las Antillas Neerlandesas. De los 26 jugadores convocados por esta selección debutante en el Mundial, 25 nacieron en los Países Bajos, como su entrenador, el veterano y experimentado mundialista Dick Advocaat. El delantero Tahith Chong, canterano del Manchester United y actual jugador del Sheffield United, es el único jugador nacido en Curazao, aunque también emigró hacia territorio neerlandés cuando apenas tenía diez años. Algo parecido ocurre con Haití y Francia, donde nacieron doce de los jugadores del combinado caribeño, que regresa a un Mundial después de su debut en Alemania 1974, hace ya más de medio siglo. Esta antigua colonia gala vive inmersa desde hace años en una situación económica y política calamitosa, marcada además por varias catástrofes naturales, algo que provoca que muchos de sus internacionales ni siquiera hayan pisado el país de sus padres, que ahora representarán ante el planeta entero. También selecciones de la antigua Yugoslavia como Bosnia y Croacia cuentan con varios futbolistas nacidos lejos de sus fronteras. El desmembramiento de este Estado plurinacional de corte socialista en los noventa, en mitad de varios conflictos cruentos, provocó el éxodo de numerosa población, sobre todo hacia países centroeuropeos con economías muy desarrolladas como Alemania o Austria. Descendientes de aquellos migrantes, como los croatas Kovacic, Pasalic y Sucic o los bosnios Kolasinac, Demirovic o Dedic, participarán en este Mundial norteamericano. Todavía más reciente es el pasado turbulento de Irak, especialmente tras la invasión estadounidense que provocó la caída del régimen de Sadam Hussein en 2003 y el posterior auge del yihadista Estado Islámico en 2014. La espiral de violencia e inestabilidad en la que el país se sumió durante muchos años fomentó el desplazamiento forzoso de población fuera de sus fronteras. Hoy, su selección cuenta con siete futbolistas nacidos en países nórdicos y dos más en Alemania. Finalmente, también se deja notar la huella del Imperio Británico en territorios de la Commonwealth como Canadá y Nueva Zelanda, con tres internacionales nacidos en Inglaterra cada uno, o Australia, que cuenta con dos jugadores que nacieron en Escocia.
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