Cope Zaragoza
Casi un año después del incendio que sobrecogió a Córdoba, el susto ha dado paso al aprendizaje. Instituciones, técnicos y servicios de emergencias se han reunido en una jornada organizada por la Fundación Fuego y el Cabildo Catedral para analizar la gestión de aquella crisis y extraer lecciones que ya convierten a la ciudad en un referente internacional. El fuego, que afectó a tres capillas y apenas 50 metros cuadrados de los 23.000 que tiene el monumento, pudo convertirse en una catástrofe patrimonial, pero una actuación rápida y coordinada lo convirtió en un caso de estudio sobre cómo proteger el patrimonio. El encuentro ha servido para poner en común el conocimiento adquirido y los pasos futuros en la protección del templo. La lección aprendida del pavoroso incendio de Notre Dame en 2019 fue fundamental. Como señaló la viceconsejera de Cultura, Macarena O' Neill, aquel suceso "puso de manifiesto la debilidad de un monumento cuando no tienes medidas de prevención suficientes". En cambio, Córdoba demostró la importancia de tener un plan robusto, basado en "la prevención, los simulacros y la coordinación entre administraciones". El responsable de seguridad de la Mezquita-Catedral, Tomás Pajuelo, ha sido una de las voces protagonistas de la jornada, detallando las mejoras que continúan implementándose. Aunque el plan de autoprotección ya era sólido, el objetivo es la mejora constante. Una de las novedades más importantes es la nueva y avanzada sala de seguridad, que funciona desde enero. "Nos permite tener un control directo sobre todo el monumento", explica Pajuelo. Desde este centro neurálgico no solo se monitorizan las imágenes, sino también todos los sistemas preventivos de detección de incendios, activando los protocolos de forma inmediata ante cualquier incidencia. Junto a esta sala, el Cabildo trabaja en un proyecto de gran envergadura: un sistema de extinción por agua nebulizada. Esta tecnología, que se sumará a la red hídrica ya existente en las cubiertas, permitirá sofocar un posible conato de incendio de manera automática, minimizando los daños. Pajuelo subraya que la clave del éxito durante el incendio del pasado verano fue la coordinación, un engranaje perfeccionado desde 2011. "Llevamos un trabajo conjunto en el que vamos compartiendo necesidades, ellos nos van asesorando, y cada año hacemos un simulacro interno", detalla. Esta familiaridad permitió que, desde que se dio el aviso, los bomberos tardaran menos de cuatro minutos en llegar. La experiencia de Córdoba ha trascendido fronteras, hasta el punto de que los bomberos de París han visitado la ciudad para aprender del modelo cordobés. Querían entender cómo se logró que el impacto del fuego afectara solo al 0,37% de la superficie total, una cifra mínima en comparación con la devastación de su catedral. La respuesta, según Pajuelo, está en "el trabajo de prevención, de equipo y de trabajar todas las fuerzas en común". Sin embargo, el aprendizaje más importante es no bajar la guardia. Pajuelo comparte una frase que se repite constantemente con el jefe de bomberos, Daniel Muñoz: “no podemos morir del éxito”. Esta máxima resume la filosofía de trabajo actual: la autocomplacencia es el mayor riesgo. "Aunque tengamos un plan de salvaguarda bastante modernizado, tenemos que estar siempre alerta. El riesgo cero no existe", insiste el responsable de seguridad. Por ello, el plan director del monumento es un documento "vivo" que se actualiza cada año con las innovaciones y mejoras propuestas por los propios equipos de emergencia. El jefe del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) de Córdoba, Daniel Muñoz, rechaza la idea de que la exitosa intervención fuera fruto de la casualidad. "El éxito de esa intervención fue fruto de muchísimo trabajo de años y años", afirma con rotundidad. Para Muñoz, el incendio de la Mezquita-Catedral marcó "un antes y un después" en el servicio, pero fue la culminación de una alianza estratégica con el Cabildo Catedral. "Toda la plantilla del servicio de bomberos conoce el edificio", asegura, una formación que se incluye incluso en el curso de los nuevos ingresos. Muñoz revela que, paradójicamente, algunos simulacros previos habían salido "peor que el día del incendio real". La tensión del momento agudizó la precisión de un equipo que tenía cada paso protocolizado, dejando "mucho menos al azar". La preparación técnica de los bomberos de Córdoba también ha despertado el interés de otros cuerpos, como los de Sevilla o Madrid. Los expertos se interesaron por los vehículos adaptados al casco histórico de Córdoba, la técnica de despliegue de mangueras y, sobre todo, por dos elementos que marcaron la diferencia respecto a Notre Dame: la instalación de columna húmeda en la cubierta y la "potente red de hidrantes" en el perímetro. Estos sistemas, de los que carecía la catedral parisina, facilitaron un suministro de agua inmediato y abundante, evitando la necesidad de bombearla desde el río, como ocurrió en París.
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