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Alejandro Arce, veterinario, en COPE: "Cuando un perro tiene un problema te mira; un gato no" | Collector
Alejandro Arce, veterinario, en COPE:

Alejandro Arce, veterinario, en COPE: "Cuando un perro tiene un problema te mira; un gato no"

La eterna discusión sobre si son más inteligentes los perros o los gatos ha sido abordada en el programa 'Mediodía COPE Más Cantabria'. Para arrojar luz sobre este debate, el veterinario Alejandro Arce, de la clínica Rock and Pets de Miengo, ha ofrecido una perspectiva científica que desmonta mitos y redefine lo que entendemos por inteligencia animal. La clave, según el experto, no está en buscar un ganador, sino en plantear la pregunta correcta: "¿inteligente para qué?". Una de las primeras métricas que podría inclinar la balanza es la neurociencia. Alejandro Arce ha hecho referencia a un estudio sobre el neocórtex de ambos animales, la zona del cerebro donde se procesa el razonamiento complejo. Los resultados muestran una ventaja numérica para los canes: "los perros tienen 530 millones de neuronas en esa zona, mientras que los gatos solo la mitad, 250 millones". Sin embargo, el experto advierte que esta diferencia no zanja la cuestión. La verdadera diferencia, según Arce, radica en la evolución de cada especie. El perro desciende del lobo, un animal social que caza en manada y requiere una gran capacidad para la cooperación y la comunicación. En cambio, el gato es un depredador solitario que caza mediante el sigilo y la emboscada. "Un gato no necesita 500 millones de neuronas en esa zona", ha afirmado el veterinario, ya que su supervivencia depende de otras habilidades. Para ilustrarlo, Arce ha utilizado una analogía: "un perro es un ordenador de despacho con el que puedes trabajar con muchos programas a la vez, y el gato es un teléfono móvil de última generación". Ambos son herramientas muy potentes y sofisticadas, pero diseñadas para funciones distintas. "La evolución les ha hecho, a los dos, perfectos para lo que necesitan", ha sentenciado. Un estudio reciente, presentado en 2026, ha analizado el comportamiento de perros y gatos ante un obstáculo transparente en forma de V para alcanzar comida. Aunque ambos resolvieron el problema, lo hicieron de formas distintas. Los perros fueron más rápidos y, una vez encontrada una solución, la repetían. Los gatos, en cambio, tardaban más pero variaban su estrategia, demostrando una gran capacidad de adaptación y memoria espacial. El detalle más revelador del experimento fue la reacción de los animales al chocar contra la barrera. Más del 50% de los perros se giraron para mirar a su dueño, buscando ayuda. Según Arce, esto demuestra que "el perro ha ido aprendiendo a base de los siglos que el ser humano es una herramienta biológica que puede utilizar para llegar a un fin". Los gatos, por su parte, no buscaron ayuda humana en ningún caso. El veterinario ha concluido que no se trata de comparar especies, sino de entender sus especializaciones. Los perros son "unos cracks en la inteligencia social", expertos en cooperación, comunicación e interpretación de gestos y emociones humanas. Nos ven, según Arce, como una "herramienta de trabajo y de cooperación". Por otro lado, "el gato es especialista en la inteligencia autónoma". Son líderes en la evaluación independiente, la memoria espacial y la toma de decisiones sin apoyo social. Un gato, explica el experto, "se acuerda perfectamente de un sitio donde le ha pasado algo, qué ha ocurrido, dónde ha ocurrido y cómo puede solucionar lo que le ocurrió". Esta diferencia se manifiesta en su reacción ante un desconocido. Mientras que un perro observa el rostro y la postura para obtener información social, un gato evalúa la distancia, el movimiento y el entorno para garantizar su seguridad. La conclusión de Alejandro Arce es firme: lo inteligente es dejar de compararlos y apreciar las capacidades únicas que la evolución ha otorgado a cada uno.

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