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Los petroglifos de Villanueva que describen un sacrificio humano, protegidos como BIC | Collector
Los petroglifos de Villanueva que describen un sacrificio humano, protegidos como BIC

Los petroglifos de Villanueva que describen un sacrificio humano, protegidos como BIC

Estas pinturas son uno de los grandes ejemplos del arte rupestre del Neolítico en la provincia de Córdoba El patrimonio arqueológico de la provincia de Córdoba ha vivido recientemente un hito fundamental para su conservación con la inscripción oficial de los petroglifos de la Tablilla del Mellado en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, otorgándoles la distinción de Bien de Interés Cultural (BIC) bajo la tipología de Monumento, según ha informado el Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba. Este reconocimiento representa la máxima categoría de protección legal en España y pone en valor un conjunto de insculturas excepcionales situadas en el término municipal de Villanueva de Córdoba, específicamente en la Dehesa de la Concordia, donde el arte rupestre de la Edad del Bronce y periodos precedentes alcanza una cota de expresividad ritual difícil de igualar. El camino hasta este reconocimiento comenzó de forma azarosa en el inicio de la primavera del año 2005, cuando dos vecinos de la localidad que buscaban gurumelos, un hongo típico de estas tierras pizarrosas, descubrieron las figuras grabadas en la piedra. El enclave había permanecido oculto bajo el monte hasta que, poco antes del hallazgo, la zona fue desbrozada para su aprovechamiento ganadero, dejando al descubierto un liso de pizarra rojiza a 648 metros de altitud que domina una antigua ruta de comunicación entre Portugal y el Mediterráneo. Es muy probable que estos grabados fueran conocidos de antiguo, ya que por el sureste discurre un atajo hoy en desuso denominado la Vereda del Muerto, un topónimo que parece hacer referencia directa a la sexta figura del panel, que representa a un individuo yacente. La Tablilla del Mellado El panel central de la Tablilla del Mellado tiene una longitud de tres metros y presenta una división intencionada en dos campos desiguales para separar lo sagrado de lo terrenal. En el campo izquierdo, de mayor altura, se encuentra una figura femenina aislada que mide 35 centímetros, un tamaño muy superior al resto de los grabados. Esta representación, que muestra a una mujer desnuda de cintura para arriba con los brazos en cruz y una falda de franjas horizontales que parece nacer de la misma tierra, ha sido identificada por expertos como Silverio Gutiérrez Escobar con la Gran Diosa Madre Tierra, una deidad del Neolítico que rige sobre la vida y la muerte. Existen paralelismos claros entre esta figura y la Venus de Gavá encontrada en Barcelona, lo que vincula este sitio con las primeras comunidades campesinas y su espiritualidad. En el segundo campo, situado a la derecha y creado rebajando el liso de pizarra, se desarrolla la acción ritual propiamente dicha a través de cinco figuras adicionales. La interpretación de este friso sugiere la representación de un sacrificio humano consumado en presencia de la divinidad, donde cada personaje cumple un rol específico en la ceremonia. El relato tallado en la piedra muestra a un segundo personaje que es el único en movimiento de todo el panel, interpretado como un guerrero, chamán o verdugo que ejecuta el sacrificio. A su lado, tres figuras más pequeñas y estáticas representan posiblemente a miembros del clan o familiares que actúan como testigos del acto ritual. La escena culmina con la sexta figura, un varón en posición horizontal que viste una falda similar a la de la diosa pero muestra un pecho masculino. El detalle más impactante y revelador del panel se encuentra en la cabeza de esta última figura: a diferencia de las demás, no está delimitada por un surco, sino que consiste en un agujero cónico de 15 milímetros de profundidad que simboliza cómo la cabeza quedó vacía tras un golpe mortal. Además, tres incisiones verticales bajo el cráneo representan el reguero de sangre que mana de la víctima, dejando constancia gráfica de la violencia del rito. La técnica empleada para estas grabaciones fue la percusión con útiles líticos, que dejaron surcos de un centímetro de anchura y hasta cuatro milímetros de profundidad sobre la superficie pizarrosa. 5.000 años de historia En cuanto a la cronología del sitio, aunque se encuentran elementos que remiten al Neolítico, el análisis del entorno sugiere que los petroglifos podrían haber sido tallados durante un Calcolítico Inicial Medio, aproximadamente entre el 2800 y el 2500 antes de Cristo. Esta tesis se apoya en la densa presencia de monumentos megalíticos en la zona; si se traza un semicírculo de cinco kilómetros de radio desde los petroglifos, se localizan hasta diez dólmenes, como los de Navalcautivo, Torno y Quebradillas, además de restos de hábitats con cerámica de la época. Las faldas representadas en las figuras guardan similitudes con los ídolos placa encontrados en monumentos funerarios de Portugal y Extremadura, lo que refuerza esta datación histórica. La declaración de BIC no solo protege estas figuras, sino que reconoce el trabajo de décadas de investigadores como Silverio Gutiérrez Escobar, Juan Palomo Palomo y Juan Gómez Coleto, junto con la Asociación Amigos del Museo, quienes han luchado por poner en valor este testimonio excepcional del pasado de Los Pedroches.

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