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Conforme miles de jóvenes peregrinos fueron acercándose al Paseo de la Castellana, las puertas de acceso para entrar a la vigilia de los jóvenes con el Papa cada vez fueron más complicadas. Aún lo fue más si antes de esta celebración habías tenido que venir directo y con prisas de una comunión, como les ocurrió a los jóvenes de la parroquia de San José. «Venimos de la comunión de Santi, un niño de nuestra comunidad. No podíamos faltar, pero tampoco nos queríamos perder al Papa», comentó Manuel bajándose del coche. Tras haber aparcado en el barrio de la Concepción, nos dispusimos a cruzar la Castellana a través del metro. Toda una aventura porque, además, conforme uno se acercaba al lugar, más y más jóvenes aparecían de la parroquia de San José. «Somos del Camino Neocatecumenal y vivimos la fe en comunidades, entonces nos conocemos mucho», añadió Manuel. Para este grupo el encuentro con el Papa era muy importante. «Es muy bonito ver a toda la gente que vive la fe unida al Papa», añadió. El Papa ya había hecho mucho hincapié en que le importaba mucho la presencia de los jóvenes en este encuentro. Y los jóvenes así lo sintieron: «Es un Papa que tiene mucha iniciativa. Lleva poco tiempo y se nota que es muy cercano. Le importa mucho todo lo que está pasando en el mundo», aseguró Manuel. Y mientras la mayoría de jóvenes esperaba de pie la llegada del Santo Padre, había otros del grupo como Miriam que esperaban sentados. Esta joven daría a luz dentro de una semana. «Me parece algo histórico que no me quería perder. Lo más importante es vivir el presente, que es lo único que tenemos», explicó sentada sobre una silla de playa. Otros cantaban y bailaban, como Jorge y Pedro. Son amigos desde su infancia, fueron bautizados juntos en la parroquia de San José y también tomaron la comunión el mismo día. «Para mí es un momento muy providencial todo esto que estamos viviendo aquí», aseguró Pedro. Para Teresa y José también era especial porque venían con su hija Macarena, de siete meses. «Quién nos iba a decir a nosotros que íbamos a estar aquí. José ha vivido toda la vida en Australia como familia en misión. Así que para nosotros estar aquí juntos es muy especial», confesó. Todos ellos vivían juntos la fe en comunidad. Cada semana se reunían para la celebración de la Palabra y los sábados para la eucaristía. Para ellos, vivirla en comunidad era lo más importante. «Yo soy voluntaria y llevo desde la una del mediodía ayudando a repartir el agua por los puntos de acceso. Ahora que tengo un hueco de descanso, he venido a vivirla con mi comunidad», explicó Amparo. Del «Dios está aquí» al «Nadie te ama como yo», los jóvenes cantaban eufóricos y exultaban de alegría porque el Papa llegaba ya. Lo que se respiraba era comunión; era la sensación de que todos hablaban y sentían con un mismo corazón, el corazón de quien está enamorado de Cristo y la alegría de compartirlo con los demás. «¡Queridos jóvenes!». Gritos, lágrimas y mucha alegría. Las primeras palabras del Santo Padre al llegar a la Plaza de Lima emocionaban a los presentes. Hay un matrimonio joven entre esta comunidad, Juan y Ester, enseñan a sus hijos pequeños, Loreto y Juanito, quién es el Papa levantándolos en lo alto para verlo pasar con el papamóvil. «Lo más importante para nosotros es inculcarles la fe», expresaban emocionados. Como preparación para la fiesta solemne del Corpus Christi que se celebra este domingo, los jóvenes rezaron unidos por las intenciones de la Iglesia, también por sus preocupaciones, temores, dudas e inquietudes. Hay quien venía a pedir discernimiento para reconocer su vocación, otros rezaban para la curación de sus familiares y otros tantos por la unidad. «Es importante para permanecer unidos rezar juntos. Unidos jamás seremos vencidos», expresaba Blanca. «Esta es la generación que busca tu rostro, Señor», decían dos chicos de la parroquia. Y lo cierto es que esa tarde, el corazón de esos jóvenes se alzaba en oración junto al Santo Padre hacia el cielo, frente al Santísimo, con el deseo de responder con la vida a la voluntad de Dios.
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