COPE
En China ha abierto sus puertas la que se presenta como la primera tienda de robots 6S del mundo, un espacio comercial que parece sacado de una novela de ciencia ficción. El autónomo y viajero Sergio Parra ha visitado este innovador establecimiento y ha descrito una experiencia que desdibuja las líneas entre la tecnología y la vida cotidiana. El concepto '6S' hace referencia a los seis servicios que ofrece la tienda: compra directa de robots (Sales), venta de repuestos (Spares), soporte técnico (Service), recopilación de datos para mejoras (Survey), alquiler flexible (Sharing) y personalización a medida (Support). Este modelo de negocio, importado del sector automotriz, se aplica ahora a un catálogo de productos que incluye desde robots humanoides y perros robóticos hasta brazos industriales y ginoides de apariencia ultrarrealista. La oferta de la tienda es tan amplia como sorprendente, con demostraciones en vivo que permiten a los visitantes interactuar con la tecnología más puntera. Para acceder, es necesario pagar una pequeña cuota, pero la experiencia, según Parra, merece la pena. "Hay muchas demostraciones en vivo de lo que hacen los robots, y hay muchas plantas, es una tienda muy grande", explica. El espacio está diseñado para que el público pueda ver de cerca, a menos de un metro de distancia, las capacidades de estas máquinas, en un entorno que combina la exposición tecnológica con la venta directa al consumidor. Uno de los mayores atractivos son los robots humanoides, como los últimos modelos de Unitree G1, que se hicieron virales por sus coreografías durante un evento de fin de año. Parra fue testigo de una demostración en la que uno de estos robots ejecutó movimientos de artes marciales al ritmo de la banda sonora de *Operación Dragón*. "Salió un robot, hizo unos movimientos alucinantes, y daba saltos y daba volteretas en el aire y caía perfecto", relata el viajero, quien califica la experiencia de "alucinante". Además de bailarines, la tienda también cuenta con robots boxeadores que los visitantes pueden controlar con un joystick para hacerlos pelear entre sí. La sección más inquietante de la tienda es, probablemente, la dedicada a los ginecoides, robots con apariencia de mujer que alcanzan un nivel de realismo extraordinario. Parra describe una sala con seis de estas figuras de diferentes edades, cuya piel tiene una texturización detallada e incluso humedad en ojos y labios. "Se movían, movían los ojos, pestañeaban, hacían como el momento de respirar", detalla. La sensación que producen es, en sus propias palabras, "muy, vaya, inquietante". Aunque admite que se nota que no son humanas, la cercanía a la realidad es sobrecogedora: "Evidentemente, te das cuenta que no es un ser humano de verdad. Pero casi, casi, casi", afirma. El catálogo se extiende a aplicaciones más funcionales y también más amenazantes. Los robots baristas, por ejemplo, son brazos articulados capaces de servir café con una "precisión milimétrica" y de dibujar en la espuma del capuchino cualquier imagen que el cliente envíe desde su móvil. En el otro extremo, se encuentran los perros policía y militares. Parra pudo ver de cerca estos cuadrúpedos armados, equipados con armas de corto y largo alcance, diseñados para "las guerras del futuro". A diferencia de otros modelos que funcionan por control remoto, los que él probó eran completamente autónomos y operaban con sus propios algoritmos, lo que añade una nueva capa de complejidad y temor al futuro de los conflictos bélicos. Más allá de la robótica tangible, la tienda ofrece a sus visitantes la oportunidad de experimentar con interfaces cerebro-computadora (BCI). Una de las atracciones más populares es un Scalextric mental, donde los coches avanzan por la pista gracias a la concentración del piloto. Equipado con una diadema de sensores, el usuario compite contra un oponente para ver quién se concentra más y, por tanto, hace correr más rápido su vehículo. "Cuanto más te concentras y dices 'quiero que el coche corra', más corre el coche", explica Parra. Esta misma tecnología se aplica a una máquina de palomitas, que calienta el maíz en función de la intensidad de las ondas cerebrales del usuario. Aunque estas aplicaciones son lúdicas, Parra destaca el enorme potencial de esta tecnología para fines más serios, como ayudar a personas con discapacidad a controlar un ordenador o a interactuar con su entorno. "Ya pueden mover el cursor de la pantalla del ordenador con la mente, y eso cada vez se está afinando más", comenta, subrayando que es un campo en plena expansión. La tienda funciona así no solo como un punto de venta, sino como un escaparate de las tecnologías que definirán las próximas décadas. Contrario a lo que podría pensarse, algunos de estos avanzados dispositivos empiezan a ser relativamente asequibles. Según Parra, los robots perro más básicos pueden adquirirse por unos 1.500 euros. Por su parte, los sofisticados humanoides antropomórficos de Unitree tienen un precio de partida de 8.000 euros para sus versiones básicas. Estos últimos, además, cuentan con una característica tan práctica como perturbadora: la capacidad de auto-empaquetarse. "El propio robot se mete en una maleta, él mismo es muy inquietante, se dobla a sí mismo y se mete", describe Parra. El usuario solo tiene que cerrar la maleta y puede transportarlo cómodamente, una imagen que resume a la perfección el asombroso y extraño futuro que ya está aquí.
Go to News Site