elDiario.es
Expertos y personal del dispositivo de la Xunta avisan de que se siguen dando las condiciones que propiciaron el desastre de 2025 y de que los peligros aumentan en zonas consideradas hasta ahora menos vulnerables al fuego, como en norte de la Comunidad Arde sobre quemado: los grandes incendios forestales tienen memoria En el verano de 2025 ardieron en Galicia unas 120.000 hectáreas , en uno de los peores años desde que hay registros y en el que se produjeron los incendios más grandes de la historia de la comunidad -solo el que comenzó en Larouco a mediados de agosto arrasó unas 33.000 hectáreas, según la Xunta-. Pero no por ello hay que pensar que la temporada de alto riesgo de 2026 o las siguientes van a ser más tranquilas, avisan los expertos. Sigue habiendo 2 millones de hectáreas que reúnen las condiciones para prender y, sobre todo, una tendencia a que los años con gran impacto de los fuegos sean más frecuentes y a que estos se conviertan en gigantes que devoran miles de hectáreas en un solo evento, insiste el profesor de la Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra Juan Picos. Añade que se está dando también un cambio en el clima que hace que zonas antes “protegidas” por factores meteorológicos, como la costa norte de la Comunidad, empiecen a quedar más expuestas. A pocas semanas de que empiece la temporada de alto riesgo de incendios en Galicia -entre el 1 de julio y el 30 de septiembre- lo que se ve por el retrovisor es la tierra quemada en el verano de 2025. “Del año pasado no se recuperó nada, por mucho que en Galicia tenemos tasas de recuperación muy altas”, dice Picos. Diez meses después, en muchas de las zonas arrasadas por aquellos fuegos el paisaje sigue siendo de ceniza. Este es el panorama, por ejemplo, desde el techo de Galicia, Pena Trevinca , devorada por las llamas en agosto del año pasado y que en la actualidad ve aparecer el verde solo en arbustos aferrados entre piedras que los protegieron del fuego o en el área de la cabecera del río Tera, que está encharcada. Por este motivo, los terrenos afectados en 2025 son de los pocos que se pueden considerar libres del peligro de arder este año. En el resto del territorio, expertos y personal del servicio de extinción de incendios coinciden: la destrucción del año pasado puede repetirse en los próximos meses y el riesgo va en aumento en zonas no se venían considerando tan vulnerables a las llamas. “Se dice 'Ourense siempre arde', pero hace tres años el único gran incendio de ese ejercicio fue el de Barreiros, en A Mariña”, expone Julio Saiáns, bombero forestal en el distrito I -comarcas de Ferrol, Eume y Ortegal- y portavoz de la CIG en materia de incendios. En las formaciones están viendo mapas de lo que se denomina disponibilidad de combustible (la parte de la vegetación que está en condiciones de arder) que muestran índices elevados en el interior de la provincia de A Coruña hacia el norte y el eje Ferrol-Abadín. Y, sobre el terreno, confirma que el monte está “muy seco”. En invierno llovió mucho, pero en la primavera ya no. Picos también incluye la zona norte de Galicia -“cualquier día nos da una sorpresa”- entre las áreas con mucha vegetación “susceptible” de prender. Habla también del suroeste de Ourense, el Xurés, y toda la costa atlántica. Queda mucho territorio con “potencial alto”, es decir, en el que no solo es que haya monte, sino que se dan ciertas condiciones que hacen más fácil que las llamas comiencen y se propaguen. Hace extensiva la situación a Asturias, Castilla y León y Portugal, en donde también se registraron incendios en 2025. “Buena parte de los factores del año pasado los tenemos todavía en el paisaje”, asegura. Este año, como el anterior, hubo un invierno húmedo seguido de un periodo sin precipitaciones. Entonces se sumaron tres olas de calor entre junio y agosto, todo lo cual dejó la abundante vegetación muy seca y muy susceptible de arder. Pero, recuerda el experto, en muchos puntos no ardió, de modo que sigue ahí ese material reseco: “Se pasa el riesgo de un año al siguiente”. Coincide en la advertencia Manoel Santos, portavoz de Greenpeace en Galicia, que agrega que las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) hablan de un verano con temperaturas por encima de la media en el norte. Ambos insisten en que toda esta información hay que leerla en su contexto: una tendencia hacia condiciones que favorecen los incendios y también a que estos se transformen con más frecuencia en grandes monstruos. El teixadal de Casaio, en la zona de Pena Trevinca, que se salvó del incendio de 2025. Saiáns, el bombero forestal, admite que en el dispositivo de la Xunta la plantilla no afronta la próxima temporada de alto riesgo con optimismo. “Vemos muy pocos cambios. El Pladiga (el Plan de Prevención e Defensa contra os Incendios Forestais de Galicia) es casi un cortapega del año pasado”, protesta. El documento prevé algo más de 5.400 trabajadores de diferentes administraciones en la época de alto riesgo, que son 200 más que en 2025. Habrá dos nuevos aviones de carga en tierra y uno de coordinación, además de más cámaras de vigilancia. “Lo vemos positivo, pero es insuficiente y no va al origen del problema”, evalúa el representante de la CIG, que critica que no se está actuando “sobre el combustible”. Es decir, carga contra una política que se sigue volcando en la extinción en lugar de en la prevención, como hacen Picos y Santos. Los tres hablan de la necesidad de un cambio estructural, a largo plazo, que pasa por dinamizar el rural y promover una actividad en el territorio que recupere el paisaje en mosaico, sin extensiones continuas de vegetación, bien porque se cultivan especies forestales, bien porque los terrenos están abandonados. “No es una cuestión puntual de un año” Picos recalca que los cambios de los últimos años anticipaban que iba a llegar un verano como el pasado. Se ha ido elevando la frecuencia con la que aparecen esos ejercicios “malos” con mucha superficie quemada: “Antes eran siete, después fueron cinco y entre 2022 y 2025 solo pasaron tres”. La tendencia va hacia un menor número de incendios, pero entre los que hay unos cuantos gigantescos que dejan tras de sí un desastre. El trabajo tiene que ir por un “cambio de mentalidad” porque los incendios ya no son como eran y algunos quedan directamente fuera de la capacidad de extinción de un dispositivo que defiende que en Galicia funciona bien y es rápido. Los cambios de fondo, dice, no tienen resultados inmediatos, pero sostiene que las tareas de preparación no son para este año, sino para la próxima década. Y urge a tomar medidas porque está en cuestión que “la velocidad de mejora sea superior a del empeoramiento de la situación”. Dentro de ese trabajo “estratégico” que reclama contra los incendios, señala que es necesario anticiparse y detectar las áreas en las que la prevención es más necesaria. Por ejemplo, zonas en las que hasta ahora podía parecer que no había un riesgo alto, pero con los cambios en el clima van sumando papeletas: “Si hay seis factores para que haya un incendio y tienes tres o cuatro, ya dependes de muy pocos”. Manu Santos, de Greenpeace, insiste en esta idea. “Es una tendencia global: los veranos son más largos, las olas de calor más frecuentes. Tenemos que prepararnos para el futuro, porque si no es este año, será el siguiente, pero va a pasar”. Pone el foco en las políticas para asentar población en el rural y sostiene que “los incendios también se combaten con escuelas, con centros de salud, con centros de día”. También carga contra la estrategia de la Xunta, que sigue invirtiendo más en extinción que en prevención. “Eso es lo que hay que revertir”, zanja. Julio Saiáns hace todavía otra crítica al Gobierno gallego: las 42 nuevas brigadas anunciadas para este año van a contratarse a través de la empresa pública Seaga, lo que considera que es “volver al error de atomizar el servicio, en lugar de actuar con una unidad de mando”. Entre las personas del dispositivo las habrá contratadas por la Xunta, por empresas, por entidades locales y eso lleva a la “descoordinación”, como ocurrió en uno de los peores incendios de 2025, el de Oímbra , en el que tres brigadistas del Ayuntamiento resultaron heridos. La investigación judicial apunta a las chispas de un tractor que estaba desbrozando en medio de una alerta por alto riesgo, cuando este tipo de actividades deben suspenderse. La orden de parar, sin embargo, se enredó entre las administraciones responsables.
Go to News Site