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Japón tiene un plan ambicioso, ganar el Mundial de 2050. Sin prisa pero sin pausa, un trabajo desde la base que debe dar sus frutos dentro de 24 años. Así que la cita que arranca el jueves debería ser un paso más en el crecimiento del país nipón en el orden futbolístico planetario, pero las lágrimas de Hajime Moriyasu al ofrecer los nombres de los 26 seleccionados y sus declaraciones ponen en cuestión ese plan a largo plazo. «Hemos seleccionado a los mejores 26 para luchar contra el mundo. Muchos piensan que es imposible que Japón gane el Mundial, pero demostraremos esa posibilidad», dijo el seleccionador mientras lloraba por haber dejado fuera de la lista «a muchos de los futbolistas que nos acompañaron en este camino». Así las cosas, Moriyasu no parece dispuesto a esperar hasta 2050 para tener la oportunidad de ganar un Mundial. El técnico cree que se pueden acortar esos plazos hasta presentar ya a Japón como una de las candidatas al título, y sus argumentos se han consolidado gracias al rendimiento de un grupo que viene de lograr dos victorias históricas en el último año. Si en octubre de 2025 batió por primera vez a Brasil (3-2) en un encuentro espectacular con remontada incluida, en abril asaltó Wembley para acabar con nueves meses de imbatibilidad de Inglaterra (0-1). Dos resultados que hablan de una selección japonesa que no va al Mundial a pasar el rato, sino que acude convencida de que es el momento de pelear por todo y acabar con ese síndrome de los octavos de final que acompaña cada cuatro años a los 'samuráis azules'. Las duras experiencias en el Mundial de Rusia y especialmente de Qatar, donde cayó en octavos de final después de una primera fase brillante, han servido como lección para un grupo de futbolistas que se encuentran en su mejor momento. Si hace una década los aficionados solo conocían a unos pocos jugadores japoneses que competían en Europa, ahora la mayoría se ha convertido en figuras clave en ligas de primer nivel como la Premier League, la Bundesliga y La Liga. Japón cuenta con la experiencia de veteranos como Yuto Nagatomo, Wataru Endo y Ritsu Doan, estrellas como Kaoru Mitoma y la ambición de jóvenes talentos surgidos de ese sistema de trabajo que se desarrolla desde el fútbol escolar basado en la disciplina, la meticulosidad y el espíritu colectivo que ha llegado hasta la selección absoluta que dirige Moriyasu. El seleccionador es el director de orquesta encargado de que cada actor ponga sus virtudes al servicio del colectivo. Un trabajo que asumió en 2018, debutando al frente de la selección en un partido amistoso contra Costa Rica. De este modo, sumará su tercera Copa del Mundo al frente de Japón. Curtido en la liga japonesa, Moriyasu ha aprovechado todos los conocimientos futbolísticos que se le han puesto a su alcance para mejorar su selección. Cuando participó en el Mundial de clubes con el Sanfrecce Hiroshima, utilizó la experiencia de medirse (y perder) con el River Plate de Marcelo Gallardo para empaparse de la idiosincrasia argentina alrededor del fútbol. «Espero que podamos aprender más sobre la cultura de estos fanáticos», alabó entonces. También aprendió de los fracasos como futbolista para crecer como seleccionador. Cuando acudió al Mundial de Qatar, Moriyasu recordaba que «Doha es un lugar de frustración y tristeza para mí, pero no estoy pensando en venganza». El técnico se refería a una de las páginas más traumáticas para el fútbol del país del sol naciente, que también ocurrió en Qatar, un 28 de octubre de 1993. Japón nunca se había clasificado para un Mundial y tenía en la mano el salvoconducto para Estados Unidos'94. Solo necesitaba derrotar a Irak en la última jornada de la fase final que cruzó en Doha a seis conjuntos (Irán, Corea del Norte, Corea del Sur y Arabia Saudí fueron los otros cuatro). Moriyasu fue titular en aquel encuentro de triste recuerdo. En el minuto 90 Japón vencía 2-1 y tenía en el bolsillo una clasificación histórica, el sueño de un país que soñaba con crecer en el fútbol y participar en una Copa del Mundo, hasta que Jaffar Omran empató para Irak y dio lugar a lo que desde entonces se ha conocido en tierras niponas como la 'Agonía de Doha'. Aquel tanto tampoco sirvió para que Irak se clasificara, pero dio el premio gordo a Corea del Sur, que se unió a Arabia Saudí en el Mundial estadounidense. Las cosas han cambiado mucho desde la tragedia de Doha. Ahora Japón es una selección pujante, ambiciosa, que cree en sus posibilidades y a la que las victorias sobre las grandes potencias del fútbol mundial le han dado un plus de cara al Mundial que arranca este jueves en México. ¿Será por fin el año en el que acabe con el síndrome de los octavos de final? Moriyasu está convencido y cree que su grupo es capaz de hacer saltar por los aires el plan 2050 con el que trabaja la federación.
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