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Todo ha fallado y no hay otra opción: la Princesa Mette-Marit de Noruega tendrá que someterse a la mayor brevedad posible a un trasplante de pulmón a causa de su fibrosis crónica. El tratamiento seguido desde hace un año no ha ofrecido los resultados esperados y no queda otra que intervenir. Y es ahora cuando se abren unas buenas interrogantes. ¿Qué pasos seguir? ¿Cuáles son los riesgos? ¿Cómo será la recuperación? ¿Volverá a reintegrarse de nuevo en una normal labor institucional? En una rueda de prensa celebrada el 5 de junio, los médicos confirmaron que dada la delicada salud de la princesa heredera de Noruega, se hacía necesario -y urgente- un trasplante de pulmón. La Princesa Mette-Marit está ya en lista de espera después de ver cómo su estado de salud se ha deteriorado considerablemente durante las últimas semanas. Según el neumólogo Are Holm, quien atiende a la esposa del Príncipe Haakon de Noruega en el Hospital Nacional de Oslo, el tiempo de espera antes de la cirugía podría ser corto: actualmente solo hay ocho personas en la lista. ¿Qué pasos debe seguir ahora todo el proceso? Lo primero es que la princesa heredera debe estar localizable en todo momento e informar inmediatamente de cualquier infección. Tiene a un equipo de personas dedicado expresamente a ofrecer reportes puntuales a los médicos que supervisan su caso. La llegada del trasplante depende ahora de la disponibilidad del órgano de un donante fallecido compatible o con muerte cerebral. Una vez llega la tan esperada llamada, todo el proceso se acelera a una velocidad vertiginosa porque el trasplante no puede esperar y el paciente es trasladado inmediatamente al hospital. El proceso quirúrgico, según establece la European Respiratory Society (ERS), se desarrolla bajo anestesia general y los cirujanos abren la caja torácica, detienen el corazón, extraen los pulmones enfermos y los reemplazan con pulmones de donante. El paso de la extracción «es el más peligroso», según indican. ¿Cuáles son los riesgos de una operación tan particularmente delicada y compleja, además de larga? Lo más normal es que la Princesa Mette-Marit pase entre ocho y diez horas en la sala de operaciones del Hospital de Oslo, donde va a ser intervenida. Se trata de una de las cirugías más complejas porque el pulmón es un órgano particularmente sensible que está constantemente expuesto al aire exterior. Asimismo, el trasplante de pulmón implica riesgos severos y requiere tratamiento de por vida. Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) y la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), las principales amenazas de una operación tan exigente como esta en todos los sentidos -para paciente y cirujanos- son «las infecciones, el rechazo crónico del órgano, la toxicidad de la medicación y complicaciones respiratorias». ¿Y cómo será la recuperación de la Princesa Mette-Marit? Desde luego, no se prevé corta y ya se contempla la posibilidad de un prolongado periodo de convalecencia, por lo cual su agenda estará completamente cerrada hasta nuevo aviso de los médicos. El paciente suele pasar unos diez días en cuidados intensivos antes de continuar su hospitalización en una planta especializada. Los médicos noruegos ya destacaron el impacto, no solo físico sino también psicológico, en el paciente: «Es una experiencia muy dura». Una vez reciba el alta, comenzará una convalecencia para la Princesa Mette-Marit que podría extenderse más allá de los seis meses. Durante los tres primeros, el equipo médico suele exigir al paciente que resida cerca del hospital para facilitar las revisiones. En España, la SEPAR estructura esta fase crítica en varios pilares fundamentales que comienza por un ingreso en el hospital de entre 2 a 3 semanas (o más si surgen complicaciones) para monitorizar la función del nuevo órgano y estabilizar la medicación. Una vez dada el alta, se establecería un protocolo con seguimiento estrecho de la evolución de la Princesa Mette-Marit con consultas diarias, análisis de sangre y radiografías varias veces por semana. Finalmente, y tras entrar en la etapa de estabilización, la heredera debería afrontar una recuperación que en condiciones normales se iría más allá de los seis meses. Es la fase de mayor riesgo por el posible rechazo agudo e infecciones y hay pacientes a quienes les lleva un año completo recuperar su rutina más o menos normal. Para evitar el rechazo del nuevo órgano, los pacientes deben tomar medicación inmunosupresora de por vida. Ciertas normas de higiene también se vuelven esenciales, entre las cuales están las clásicas de erradicar por completo el consumo de tabaco y alcohol, además de incrementar la protección solar. Y hay otra limitación curiosa: se prohíbe el consumo de pomelo al sospecharse que interactúa con los inmunosupresores. La Princesa Mette-Marit tampoco puede sustraerse al riesgo de mortalidad. Según datos de la Sociedad Francesa de Neumología, aproximadamente uno de cada ocho pacientes no sobrevive al primer año tras un trasplante. Las estadísticas indican que más de la mitad de los receptores de trasplantes siguen vivos cinco años después del procedimiento y la supervivencia media se sitúa entre ocho y diez años. La heredera tiene actualmente 52 años.
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