ABC
Había silencio en Riazor cuando quedaban 6 minutos y 48 segundos para el final. El marcador señalaba un 75-60 favorable al Movistar Estudiantes y la sensación era inequívoca: uno de los históricos del baloncesto español estaba a punto de terminar su travesía por el desierto de la segunda FEB y regresar a la ACB cinco años después de su descenso. Pero el baloncesto no entiende de sensaciones. El Leyma Coruña encontró una fuerza especial cuando ya parecía sentenciado y el Estudiantes, quizá por primera vez en toda la tarde, dejó de jugar para empezar a proteger lo que tenía. La ventaja desapareció, llegó la prórroga y el conjunto gallego terminó culminando una remontada que ya forma parte de la historia reciente del ascenso. Para el club madrileño, en cambio, supone abrir otra vez una herida que nunca terminó de cerrar. Porque esta derrota pesa más que otras, sobre todo para la afición. El Estudiantes descendió en la temporada 2020-21 después de acabar penúltimo en ACB por una sola victoria. Lo que debía ser un paso breve por la antigua LEB Oro se ha convertido en una estancia demasiado larga para una entidad acostumbrada durante décadas a mirar de frente a la élite del baloncesto español. Cinco temporadas después, el regreso sigue sin llegar. «La gente está un poco en shock por cómo se desarrolló. Lo podías tocar, pero esto es baloncesto, hasta el último partido no hay nada decidido», explica a ABC Nacho Azofra, uno de los grandes símbolos del club. El exbase madrileño apunta al momento exacto en el que cambió todo. «Le salen mal dos jugadas al equipo, dos canastas fáciles, entonces cambian las caras de los jugadores y les cuesta jugar con la soltura con la que habían jugado hasta entonces». Azofra resume el desenlace como una cuestión mental además de deportiva. «Un equipo tiene cosas que perder y el otro nada. Esa es mi valoración de los últimos tres minutos de locura». El golpe resulta todavía más doloroso porque el contexto no invitaba al optimismo. El partido se jugaba fuera de casa y, sobre el papel, el favorito era el conjunto gallego. «Sabía más o menos lo que podía esperar. Coruña era favorito. Habían hecho una mejor temporada regular y claramente Estudiantes jugaba contra un equipo mejor por la trayectoria de este año», señala Pablo Martínez, otro histórico del club. Precisamente por eso, lo que más duele no es haber perdido. Es la manera. «Eso fue lo más impactante para los que queremos al Estudiantes», reconoce Martínez sobre dejar escapar una renta de quince puntos a falta de menos de siete minutos. Aunque introduce también una idea que dentro del baloncesto se entiende mejor que fuera. «Perder un partido así es duro, pero nos ha pasado a todos. El público piensa que no te puede pasar, pero sí te puede pasar». Para el exjugador estudiantil, el equipo dejó de hacer aquello que le había llevado hasta ese momento por la presión que implementó el Leyma. «Coruña arriesgó mucho en los últimos minutos y Estudiantes dio un paso atrás. Los jugadores estaban deseando que el partido se acabara». Y añade una reflexión que ayuda a explicar el desenlace: «Dejas de atacar el aro y te vienes abajo. Hubo jugadores que no estaban cómodos en los últimos minutos y tenían miedo a fallar». La imagen final fue la de una grada gallega celebrando el regreso a la élite y una pequeña isla azul enmudecida. Ya son varias temporadas acumulando intentos frustrados. Varias fases finales. Varias oportunidades que terminan escapándose. «Estudiantes quiere estar en la categoría en la que ha estado siempre. La derrota fue muy dura», resume Azofra. El ascenso tendrá que esperar. Otra vez. La sensación de oportunidad perdida resulta todavía mayor porque el equipo dirigido por Toni Ten había construido una temporada para volver. Después de terminar la fase regular entre los aspirantes al ascenso, y sin ser el favorito, logró plantarse en una final que alimentó la ilusión de una afición que lleva cinco años esperando el regreso.
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