COPE
El sinhogarismo ha crecido de forma exponencial en Vitoria. Hace apenas ocho años se contabilizaban 24 personas durmiendo en a calle, en el último recuento municipal eran 78 y hay 184 que sobreviven en pabellones, naves, lonjas o edificios vacíos. En COPE Euskadi, Cáritas ha lanzado la voz de alarma sobre una realidad cada vez más visible y preocupante, la de los jóvenes que viven en fábricas abandonadas. Isabel López, responsable del programa de intervención social de la enidad diocesana en Vitoria, explica qu esta situación, lejos de mejorar, se agrava. El fenómeno de las fábricas ocupadas es relativamente reciente, de "un año y medio, dos años para atrás", y no para de crecer. "Si uno consigue un recurso y se va, llegan tres". El perfil de quienes habitan estas naves es mayoritariamente el de hombres migrantes, menores de 40 años, procedentes en un 90% de Argelia y Marruecos. Viven en condiciones infrahumanas, en un "lugar inhóspito en el que tienen miedo a muchísimas cosas", relata López. La realidad es cruda: "no tienen luz, no tienen agua corriente" y, según testimonios recogidos por la entidad, "conviven con muchas ratas". A pesar de la dureza extrema de su día a día, estas personas muestran una sorprendente determinación. Lejos de la resignación, participan activamente en los programas de Cáritas, aprenden castellano y acuden a formación. "No vienen a la sopa boba, vienen a construir un proceso vital, satisfactorio", defiende López, quien destaca que se aferran a la esperanza de un futuro mejor, inspirados por quienes lograron salir de situaciones similares. Más allá de los recursos materiales, el acompañamiento emocional es clave. "Muchas veces, más allá de los recursos económicos, el que estas personas sean escuchadas lo viven con una gran satisfacción y con muchísimo agradecimiento", asegura la responsable de Cáritas. Por ello, la organización hace un llamamiento a las instituciones para que "hagan políticas públicas pensando en las personas más vulnerables, un esfuerzo más". A la ciudadanía le pide tener "una cara amable" y ser una "sociedad de acogida de verdad", recordando que el alto coste de la vivienda es una responsabilidad compartida. "La situación de las personas jóvenes que viven en fábricas abandonadas no puede narrarse como una suma de casos individuales, es la manifestación de una exclusión estructural donde se cruzan la crisis de la vivienda, la pobreza, la migración y el deterioro de la salud mental. Detrás de cada joven que duerme en una fábrica hay un problema de derechos básicos que no están garantizados", ha denunciado.
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