La Opinión de Málaga
La imagen se repite en cada Semana Santa de Málaga: calles abarrotadas, público buscando hueco y las clásicas sillas plegables de playa colonizando esquinas, aceras y cruces imposibles. El Ayuntamiento vuelve este 2026 a cerrar esa puerta con una prohibición expresa en los puntos más sensibles del recorrido, aunque deja margen a la interpretación al acotar la medida a los espacios sin autorización. Todo ello dentro de un bando que endurece las reglas sobre terrazas, residuos, tráfico y seguridad para blindar los días grandes de la ciudad. Un veto que, en realidad, y por la experiencia de los años anteriores, se ve en la práctica muy limitado. Y el mobiliario se instala desde horas antes, sobre todo en Cisneros y Especerías, sin que sea retirado.
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