COPE
Josep Boan siempre tendrá 20 años. Este joven, estudiante de Historia, amante de la música y de las motos, era un chico modélico y cariñoso. Decimos “era”, pero a su madre, Pilar, le gusta hablar en presente, así que a partir de ahora hablaremos de él como lo hace su madre: es un chico modélico y cariñoso. En agosto de 2020, cuando estábamos saliendo de la pandemia, Josep emprendió un viaje en moto con su padre. Llegaron desde Barcelona a Galicia para una ruta preparatoria para otra más amplia que pretendían hacer por el norte de Europa. El joven quedó tan impresionado con la Torre de Hércules que planeaba tatuarse la rosa de los vientos a su regreso. Sin embargo, el viaje se convirtió en un trayecto solo de ida. En una curva de una carretera comarcal, un coche conducido por Asier, que circulaba a gran velocidad, truncó sus planes. Según relata su madre: "En un tramo recto, cogió mucha velocidad, supongo, y al llegar a la primera curva que estaba indicada, decidió que no frenaba". De este modo, "tomó la curva a un mínimo de 116, según la Guardia Civil, según nuestro peritaje, a 126, no pudo controlar el coche, invadió el carril y se llevó por delante a nuestro hijo". El suceso ocurrió a la altura de Dumbría, como si el nombre de la zona, la Costa da Morte, fuese algo premonitorio. El padre de Josep pudo esquivar el impacto, pero la tragedia puso el "punto y final a nuestras vidas, sobre todo a la de mi hijo, y a la nuestra de alguna manera", lamenta Pilar. "Algo tan estúpido como que alguien decide no levantar el pie del acelerador y acaba con tu vida". El duelo de Pilar le nubla los recuerdos de lo que vino después. Fueron dos años de vacío, en un letargo del que salió abruptamente cuando llegó la instrucción de la Guardia Civil: la Fiscalía acusaba a Asier de homicidio imprudente grave y conducción temeraria. Se puso a revisar la ley y la realidad confirmó sus peores temores. La sensación de indefensión fue total: "Ya vi que no iba a pasar absolutamente nada", afirma". El impacto fue tal que "Recibí un bofetón tan grande, que creo que ahí desperté", confiesa. El conductor, Asier, fue condenado a dos años de cárcel, pero no llegó a entrar en prisión ni fue arrestado. La condena al conductor fue... como si no la hubiera. Asier no llegó a entrar en la cárcel. Ni siquiera fue arrestado. Pilar explica que la jueza se basó en el informe de la Guardia Civil, que establecía una velocidad mínima de 116 km/h en un tramo de 70. Al no superar en 80 km/h el límite en vía interurbana, la conducción no fue considerada delito de conducción temeraria, lo que evitó una pena mayor. Fue entonces cuando Pilar decidió compartir su rabia en Twitter y encontró un nuevo propósito: evitar que otros "salgan impunes por acabar con la vida de otros Joseps". Su objetivo se centró en lograr un endurecimiento del Código Penal, para abordar una realidad incómoda: una de cada cuatro víctimas en carretera muere por exceso de velocidad. La madre de Josep insiste en que no se trata de pequeños excesos, sino de conductas homicidas al volante. "Puede ser un escándalo que haya un grupo de personas que roben móviles o carteras en el metro... ¿y los que arrebatan las vidas de otras personas?", se pregunta. "Los actos de estos conductores no tienen ninguna consecuencia en sus vidas", afirma. Su intensa actividad en redes sociales la llevó a reuniones con grupos políticos, y este martes, la lucha llega al Congreso. Se debatirá una proposición de ley para reducir en 10 km/h el umbral para que un exceso de velocidad sea considerado delito penal y no una simple infracción administrativa. Pilar no solo busca justicia, sino también concienciación, y siente que la historia de su hijo ya ha tenido un impacto. "He recibido mensajes de muchísima gente, muchísimos conductores que me dicen que desde que conocen a Josep, han reflexionado, no han vuelto a coger el móvil", asegura.Y mientras, Pilar tiene un hijo que no envejece. Que mantiene vivo a través del recuerdo, de fotos, de vídeos, y de un propósito: que ninguna historia más termine de forma abrupta y estúpida a los 20 años porque alguien se niega a levantar el pie del acelerador.
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