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La escena se repite en las gasolineras de Cantabria: los conductores miran el surtidor y, por primera vez en semanas, el precio ha bajado. Este descenso, que llega a ser de hasta 20 céntimos por litro, se debe a la reducción del IVA en los carburantes aprobada por el Gobierno. Como resultado, llenar un depósito de 50 litros cuesta ahora entre 8 y 10 euros menos. La medida ha tenido un efecto inmediato en las estaciones de servicio, que han ajustado sus tarifas. Este alivio llega después de un periodo de tensión, con el gasóleo superando los dos euros por litro y la gasolina muy cerca de esa cifra. Gracias a la rebaja, el precio medio de la gasolina ha regresado a la franja de 1,60 euros por litro, mientras que el diésel se sitúa en torno a 1,80 euros. Lo que muchos consumidores no saben es que más del 40% del precio final del combustible corresponde a impuestos, sumando el IVA y el impuesto especial de hidrocarburos. Por esta razón, una modificación del IVA tiene un impacto tan rápido, aunque también implica una menor recaudación para el Estado y abre el debate sobre su sostenibilidad a largo plazo. Mientras España reduce la carga fiscal, el precio del petróleo en el mercado internacional sigue una tendencia alcista, impulsado por la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio. Este es el factor que más preocupa al sector, ya que un encarecimiento del crudo acabará trasladándose inevitablemente al consumidor final, sin importar la rebaja impositiva. La experiencia reciente invita a la prudencia. En 2022, la bonificación de 20 céntimos por litro fue en gran parte absorbida por las subidas del mercado internacional. Ahora, el escenario podría repetirse: la medida fiscal funciona como un parche, pero no ataca el problema de fondo, que es la dependencia de un mercado energético global e inestable. Para la economía diaria de muchos ciudadanos, el impacto es notable. Un trabajador que depende del coche puede ahorrar entre 30 y 40 euros al mes. Además, el precio del combustible afecta a toda la cadena logística y de distribución, influyendo en el coste final de numerosos productos y servicios. El debate entre los expertos está abierto. Algunos defienden la reducción del IVA como una herramienta eficaz para aliviar a los consumidores a corto plazo. Otros, en cambio, la ven como una solución limitada que crea una falsa sensación de estabilidad y plantean la necesidad de ayudas más selectivas y no generalizadas. A día de hoy, la realidad es que repostar es más barato que hace una semana. Sin embargo, la incertidumbre sobre la evolución del precio del petróleo y la situación internacional mantiene la pregunta en el aire: ¿es un alivio duradero o un simple respiro? La respuesta, como casi siempre, se encontrará en el surtidor.
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