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Amalia (médica de 31 años) sobrevivió al accidente ferroviario de Adamuz, pese a viajar en el vagón dos del Alvia. Este lunes ha recibido el alta hospitalaria tras pasar dos meses ingresada, primero en Córdoba y después en el Hospital QuirónSalud Huelva. Fue rescatada tres horas y media después del accidente y ahora afronta un largo proceso de recuperación física y mental. Sin embargo, su principal batalla no es solo contra las secuelas, sino contra la burocracia: "No necesito el perdón de nadie, solo que faciliten todos los trámites que quedan por delante". Amalia no perdió el conocimiento en ningún momento. Eso sí, tanto el momento del impacto como el proceso de recuperación le haya dejado una profunda huella psicológica. "Sabía que tenía una fractura abierta, que tenía que respirar bajito y que no me tenía que dormir", relata. Fue una de las últimas supervivientes en ser rescatada de su vagón, ya que los equipos de emergencia tuvieron que sacar a otras víctimas que se encontraban debajo de ella. Sufrió múltiples y graves lesiones: fractura de fémur por tres sitios, rotura de sacro, vértebras dorsales, clavícula, omóplato y la reconstrucción completa de una oreja. Al llegar al hospital Reina Sofía de Córdoba, su pronóstico era muy grave. "No sabían si iba a salir del quirófano", explica, debido a un neumotórax, un abdomen agudo y una severa hipotermia. El alta hospitalaria es solo un paso en un camino que se prevé largo. A Amalia le quedan por delante varias operaciones y una recuperación que podría durar más de un año. Actualmente no puede andar ni apoyar la pierna y debe llevar un corsé durante meses. Esta situación de dependencia total supone uno de los mayores golpes anímicos. "Tengo 31 años, vivo sola desde hace 11, y ahora dependo de mi madre para todo. Lo más duro es perder un poco tu independencia y tu dignidad íntima", confiesa. Pese a haber evitado seguir las noticias sobre el accidente, Amalia tiene un mensaje claro para las instituciones. Critica que las promesas de ayuda se han quedado en palabras. "Me encantaría que agilizaran todos esos trámites", reclama. Su lucha diaria es contra el seguro "para que dé las sesiones de rehabilitación" o para obtener una tarjeta de movilidad reducida que necesita ahora, no en seis meses. "Ojalá fuera verdad que iban a estar ahí para todo", lamenta. En medio de las dificultades, se ha sentido "superarropada" por su familia, amigos, compañeros del centro de salud de Cartaya e incluso pacientes, que han ido a visitarla. Agradece especialmente el trato "increíble" y el "cariño" recibido por parte del personal de enfermería de los hospitales de Córdoba y Huelva, cuyo cuidado ha sido fundamental para sobrellevar estos dos meses.
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