Cope Zaragoza
Es uno de los grandes momentos en la celebración mundial de los católicos en Semana Santa. El Domingo de Ramos, el primer día de la gran semana de los católicos, en la misma ciudad de Jerusalén donde entró triunfante Jesucristo, montado en burra y recibido con las palmas, los cristianos recrean ese momento en una procesión realmente emocionante y conmovedora. Con un aire más descafeinado por motivos evidentes, el Cardenal Pizzabala, Patriarca Latino de Jerusalén ha encabezado la procesión, incluso en estos dos últimos años de durísima guerra entre israelíes y palestinos, con su epicentro en la Franja de Gaza, pero con evidentes consecuencias y hostilidades en Cisjordania y en la capital de las tres religiones, en Jerusalén. Este año, con el conflicto entre Irán e Israel en medio de una grave escalada, la tradicional y legendaria procesión, una procesión que sucede, ni más ni menos, que sobre el mismo suelo que pisó Jesús, volviendo de sus 40 días en el desierto, no podrá tener lugar. Las restricciones que el Gobierno israelí está imponiendo no permiten que se pueda desarrollar, como tampoco pudieron, los valientes y sufridos cristianos de Tierra Santa, realizar la también tradicional procesión de la Cuaresma, con las correspondientes celebraciones en el Santo Sepulcro y en los Santos Lugares de la Pasión. «Si bien pudimos orar y prepararnos personalmente, nos perdimos la peregrinación comunitaria hacia la Pascua», dijo Pizzaballa. «A la dureza de este tiempo de guerra, que nos afecta a todos», continuó el patriarca, «se suma ahora la imposibilidad de celebrar la Pascua juntos con dignidad. Esta es una herida que se añade a tantas otras infligidas por el conflicto. Pero no debemos desanimarnos. Si no podemos reunirnos como quisiéramos, no abandonemos la oración». Retomando esa última frase, una frase que viene desde el Evangelio de Lucas y que pronunció Jesús («Oren siempre y no se desanimen jamás»), el cardenal pidió también que, durante el sábado 28 de marzo, se unan todos los cristianos en oración, rezando el Rosario para implorar el don de la paz y la serenidad, especialmente para quienes sufren a causa del conflicto. «Lo haremos», escribió, «con humildad, seguros de que nuestra oración, aun estando físicamente distantes, es capaz de nutrirse de la fuerza del amor de Dios, que nos une en un espíritu de esperanza y confianza». Los Santos Lugares están vedados al público por "motivos de seguridad", pero en ellos, la Custodia de Tierra Santa y esa Comunidad de frailes franciscanos que permanecen en el Santo Sepulcro que «nunca ha cesado, día y noche, de llevar a cabo las celebraciones, ritos, procesiones diarias y oraciones litúrgicas programadas, de acuerdo con el Status Quo. Incluso en estos días, aunque el acceso a la basílica está prohibido a los fieles por razones de seguridad, la oración continúa ininterrumpidamente en los Santos Lugares», según sus propias palabras. Si nada lo detiene, cosa que parece poco probable, el conflicto cumplirá 1 mes durante ese sábado previo al Domingo de Ramos y a la celebración de la Semana Santa.
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