La mafia china que explotaba mujeres en pisos turísticos en España:
Cope Zaragoza

La mafia china que explotaba mujeres en pisos turísticos en España: "Incluso pagando la deuda, continúan con la organización debido a su situación irregular"

Agentes de la Policía Nacional, en una operación conjunta con la policía y gendarmería francesas, han desarticulado dos organizaciones criminales de origen chino dedicadas a la trata de seres humanos y la explotación sexual en España y Francia. La operación se ha saldado con la detención de 22 personas y la liberación de 60 mujeres de nacionalidad china. Fran, jefe del grupo 9 de la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la UCRIF, ha desvelado los detalles en el programa 'La Linterna' de COPE. La investigación, que ha durado más de dos años, comenzó gracias al "intercambio de inteligencia policial entre ambos países", según ha explicado el responsable policial. Las alarmas saltaron al observar cómo "algunos de sus miembros residentes en España viajaban con mucha frecuencia a Francia". El hilo condujo a los agentes hasta Barcelona y localidades cercanas, donde residían los cabecillas, quienes habían trasladado el grueso de su actividad delictiva al país vecino debido a la "presión policial que llevamos a cabo durante ya bastantes años en España", ha señalado Fran. Desde varios domicilios en España, uno de los puntos clave de la trama, la red operaba varios call centers o centros de llamadas. A través de teléfonos franceses activos en nuestro país, "dirigían los servicios sexuales de estas mujeres explotadas en Francia, la mayoría". Estos centros de llamadas gestionaban los anuncios en plataformas de servicios de contactos y ponían en contacto a los clientes con los pisos donde las víctimas eran explotadas. Al entrar en los casi 40 pisos registrados, los agentes se han encontrado con un "auténtico drama". Fran describe las "condiciones infrahumanas" en las que se encontraban las mujeres, con viviendas convertidas en prostíbulos clandestinos con habitaciones numeradas. Lo peor, según relata, era el "espacio diminuto donde conviven todas ellas juntas, hacinadas en espacios sin luz natural, con literas continuas una de la otra", donde eran tratadas como simple "mercancía al servicio de la organización". Estas mafias chinas son "totalmente crueles", ha afirmado el agente. Una vez que las mujeres son captadas, se ven sometidas a unas "condiciones de esclavitud" y a una vigilancia constante, estando disponibles 24/7 para la organización. El control es tal que, según ha revelado Fran, "incluso pagando la deuda, continúan con la organización debido a la situación irregular en la que se encuentran", lo que demuestra que no hay libertad en la prostitución. Penetrar en estas redes es extremadamente complejo, ya que la comunidad china es "un mundo muy hermético". Las víctimas son muy cerradas, y conseguir su declaración "cuesta mucho", aunque la Policía Nacional cuenta con profesionales cualificados que han tenido "bastante éxito" en establecer contacto y generar confianza. Las mafias, por su parte, son "muy rígidas" y se estructuran bajo un liderazgo férreo con roles bien definidos, lo que dificulta aún más la investigación policial en un contexto donde, además, se ha detectado un aumento de la captación a través de redes sociales. La explotación sexual no es el único delito de estas redes. Fran ha confirmado que, como otras organizaciones criminales, diversifican sus actividades. "Con los chinos pasa lo mismo", ha señalado, explicando que también se dedican al tráfico de drogas dentro de la propia comunidad asiática. "Ellos incluso fabrican drogas nuevas, drogas de diseño que solamente venden en el mercado de ellos", como la conocida como "agua de dios" o la ketamina. El impacto emocional de estas operaciones en los agentes es innegable. "Llegas a casa y es difícil de olvidar", ha confesado Fran, quien considera que la mayor satisfacción es "la liberación y darle, o sea, sacar y extraer a esa víctima de de esa organización, intentar que que recupere su vida". Finalmente, ha recordado que esta esclavitud del siglo XXI persiste porque existe una demanda, concluyendo que no se debería hablar de clientes, sino de "puteros".

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