ABC
En 'Costaleras' (Ed. Almuzara) los doctores en Psicología Rafael Moreno y Mª Jesús Cala hacen una amplia investigación sobre el papel de las mujeres que cargan pasos a costal en España, probablemente la papel más duro y complejo dentro de la Semana Santa y en el que más dificultades han encontrado para poder acceder. Desde esa experiencia analizan también la decisión de la cofradía saguntina . —Los cofrades de Sagunto han decidido excluir a las mujeres de la Semana Santa. Su estudio es mucho más específico y se centra en las costaleras. A partir de su conocimiento de la Semana Santa en España, ¿cuál es el nivel de participación de la mujer? —Rafael Moreno: Como bien dice, nuestra investigación se ha centrado únicamente en las costaleras, por lo que no tenemos datos fehacientes sobre la participación de las mujeres en otros desempeños dentro de la Semana Santa a nivel nacional, aunque tenemos la impresión de que hay variedad, dependiendo de zonas y municipios. —Como en Sagunto, en Sevilla sigue habiendo una gran resistencia a la presencia de la mujer en la Semana Santa, en este caso como costaleras. ¿Ocurre en todos los lugares? —R.M.: La resistencia y las actitudes dependen de cada sitio. Por una parte, hay lugares en que la existencia de costaleras está totalmente aceptada y normalizada después de veinte, treinta o cuarenta años. En nuestra investigación hemos identificado 159 municipios ubicados en 31 provincias y 13 comunidades autónomas, más Ceuta, donde hay pasos a costal con mujeres. Pero en todas esas comunidades, y especialmente en las que el sistema de carga de los pasos es a costal, hay aún muchos municipios donde no se acepta a las mujeres como costaleras. Un caso muy llamativo es el de Sevilla, dada la enorme cantidad de pasos que salen en Semana Santa, y más aún si contamos los no penitenciales que salen a lo largo del año. —Sin embargo, su estudio demuestra que las mujeres sí pueden participar incluso en esta labor. —María Jesús Cala: Los datos obtenidos y recogidos en el libro indican con total claridad que las mujeres están plenamente preparadas para ser —de hecho, lo son en muchos lugares y en distintos tipos de pasos— magníficas costaleras, tanto en términos de técnica y fuerza como en términos de su capacidad de compromiso y trabajo colectivo, con las inevitables excepciones que todo grupo humano tiene. Lo ponen de manifiesto los 421 pasos en los que hay mujeres cargando a costal y las más de 300 personas entrevistadas, sean costaleras, costaleros, capataces que trabajan con ellas y miembros de juntas de gobierno de hermandades de esos pasos. —Este año, varias mujeres se han presentado a la 'igualá', pero al final no han sido admitidas. ¿Qué argumentos les han dado para este rechazo? —R.M.: Si se refiere a Sevilla, nuestras noticia es que este año dos costaleras, con más de veinte años de experiencia sacando pasos en otros lugares, al no poder hacer su tarea aquí, se han presentado a la 'igualá' de la Virgen de la Palma de la Hermandad del Buen Fin. A diferencia de lo que ellas y otras han vivido hace unos años en otras hermandades en Sevilla y otras localidades, han sido recibidas con el mismo respeto que lo han sido el resto de personas aspirantes; han sido igualadas y les han tomado sus datos personales para el seguro por si eran incluidas en la cuadrilla. —Sin embargo, no han sido finalmente admitidas. ¿De quién viene este rechazo? ¿Capataces, juntas de gobierno? —R.M.: Refiriéndonos a las hermandades que rechazan a las costaleras, obviamente son sus juntas de gobierno o los correspondientes capataces los responsables máximos de esas negativas, al ser las autoridades de la hermandad y de las cuadrillas, respectivamente. Después, según casos, unos u otros tienen un mayor peso en la negativa, pero sucede a menudo que esa dualidad de poder les sirve de excusa mutua para achacar la negativa al otro. Y en otros casos, juntas y capataces coinciden en plantear su negativa de manera tajante y clara, a veces también de manera ofensiva e insultante. Por otra parte, no podemos olvidar la responsabilidad que también tiene la correspondiente autoridad eclesiástica si permite, por acción u omisión, negativas como estas. —¿Qué aporta su trabajo frente a las excusas tradicionales para que las mujeres no sean admitidas? —M.J.C.: Respecto a las razones que se dan para justificar la exclusión de las mujeres, nuestra investigación las desmiente todas de manera contundente, contraponiendo datos a meras opiniones. Por ejemplo, frente a la de «que no tienen ni suficiente fuerza ni la técnica adecuada», nuestro estudio muestra que hay 101 pasos llevados sólo con mujeres y 320 con cuadrillas mixtas, pasos de diferentes tamaños y tipos. Otro de los argumentos en contra está referido a las cuadrillas mixtas, que, por la proximidad física que implica, no se considera adecuada. Este prejuicio queda refutado ampliamente con la experiencia que nos cuentan tanto las costaleras entrevistadas que han formado parte de estas 320 cuadrillas mixtas como sus capataces, hombres y mujeres. Una experiencia en la que no encuentran problema alguno. —¿De dónde surge el rechazo a la presencia femenina en la Semana Santa? —M.J.C.: El rechazo, afortunadamente, no es unánime, al menos en lo que hemos estudiado en las mujeres costaleras, que cuentan con bastante apoyo en muchos lugares. Para impedir su participación, como ha ocurrido en Sagunto o sucede en otros lugares donde no se les permite ser costaleras, se recurre a la tradición como si fuera algo inamovible. R.M:. Y solo hay que recordar algunos ejemplos de que lo que se considera actualmente tradición no siempre ha sido así: no siempre han existido las vistosas túnicas de terciopelo en nazarenos o penitentes; no siempre han existido los enormes y vistosos pasos de misterio que actualmente vemos en algunas hermandades, y tampoco han estado organizados los cortejos procesionales como los vemos en la actualidad. M.J.C.: En este sentido, apelar a la tradición ha sido históricamente un recurso utilizado para limitar el acceso de las mujeres a determinados espacios profesionales y sociales por parte de quienes temen perder su posición de privilegio. En el caso de Sagunto, tengo entendido que quienes tomaron la decisión de no incorporar a las mujeres eran todos hombres. —¿Veremos pronto mujeres en la Semana Santa de Sagunto y como costaleras en Sevilla? —M.J.C. Así lo esperamos nosotros. La incorporación de las mujeres como costaleras, al igual que su presencia como nazarenas, no rompe la tradición: simplemente amplía quién puede participar sin alterar el sentido profundo de la estación de penitencia. Además, lo que hoy puede parecer novedoso en algunos lugares es en otros una práctica ya consolidada desde hace años. Por eso cuesta imaginar que resistencias que no se sostienen en argumentos sólidos, más allá de una apelación vaga a la tradición, puedan seguir utilizándose como excusa para impedir la plena participación de las mujeres, ya sea como costaleras o en otras funciones dentro de las hermandades. Por todo ello, es nuestro deseo que estas barreras desaparezcan cuanto antes y que las mujeres puedan incorporarse plenamente, y las veamos procesionar más pronto que tarde en Sagunto o como costaleras en Sevilla y otros lugares, donde su participación es legítima, justa y, además, enriquecedora para la propia tradición.
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