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La prohibición de las transfusiones es una de las enseñanzas más antiguas y controvertidas de los Testigos de Jehová . Durante años han interpretado que los pasajes bíblicos que hablan de «abstenerse de la sangre», implicaba también la imposibilidad de recibir una donación en el caso de ser necesaria tras un accidente o en el transcurso de una operación. Incluso han alabado, como mártires, a quienes «pusieron a Jehová en primer lugar» y prefirieron morir antes de aceptar la transfusión . Sin embargo, una reciente modificación, va a cambiar esta doctrina. El pasado viernes, el Cuerpo Gobernante, el máximo órgano de gobierno de la confesión con sede en Estados Unidos, hacía público un comunicado con una «aclaración» sobre sus enseñanzas en la que muestran «un cambio en nuestra postura sobre el uso de nuestra propia sangre al recibir atención médica y quirúrgica». Tras años de negar esta práctica, ahora los Testigos de Jehová dejan en manos de sus fieles la elección de si permiten que se les extraiga y almacene su propia sangre con antelación a las intervenciones quirúrgicas en las que puedan necesitarla. Por contra, la organización mantiene la prohibición general de recibir transfusiones de sangre ajena. «A primera vista, estamos ante un antes y un después en la historia centenaria de los Testigos de Jehová: parece que por primera vez la secta relaja su rígida normativa sobre la prohibición de las transfusiones de sangre, al permitir una modalidad de uso por parte de la propia persona», explica a ABC Luis Santamaría, experto en sectas. «Sin embargo, este supuesto hito histórico lo es sólo en apariencia. Realmente, ilustra el carácter sectario de los Testigos de Jehová , una organización que ha destacado a lo largo de su trayectoria por los cambios doctrinales arbitrarios», advierte. Para Santamaría, cuando el Cuerpo Gobernante afirma «haber recibido de Dios un 'nuevo entendimiento' o una 'nueva luz', no es más que la excusa religiosa para cambiar sus creencias y prácticas a su antojo». Una práctica «propia de las sectas de origen cristiano», en la que los líderes «aseguran tener hilo directo con Dios» , por lo que ante sus decisiones «sólo cabe la obediencia y la sumisión, y no es posible ninguna crítica, disensión o duda», añade. La decisión ha sorprendido tanto a los creyentes como a las extestigos, que durante años han visto cómo la prohibición de las transfusiones comprometía sus vidas o las de sus familiares. Es el caso de Becky Quesada, tesorera de la Asociación Española de Víctimas de los Testigos de Jehová (AEVTJ), que recibía «la nueva luz» dos días antes del anuncio público con «sentimientos encontrados». Por un lado, la interpreta como una muestra de cómo el activismo de las víctimas, como el desarrollado por la AEVTJ y en otros lugares del mundo, está consiguiendo que la congregación religiosa «flexibilice sus normas». Por otro lado, también siente la «frustración» de que, lo que considera «un lavado de cara », no se hubiera decidido antes. Quesada vivió en primera persona las consecuencias de esta norma cuando todavía pertenecía a la congregación religiosa. Su padre, afectado por un cáncer de esófago, no pudo ser intervenido de inmediato porque su operación requería una transfusión . Tras una larga búsqueda, localizaron finalmente un equipo médico en Sevilla dispuesto a asumir la intervención «con la condición, en un papel firmado, de que no iban a ponerle sangre». El retraso en la operación y las complicaciones posteriores provocaron una necrosis que obligó a que le extirparan el esófago y el estómago. «Ahora sólo puede comer con una máquina, con la confianza de que en el paraíso recuperará sus órganos», explica Quesada, que hace unos años abandonó la confesión. «Me frustra bastante. Me alegro por la gente de dentro, que verá cómo mejora un poco su situación, pero también me pongo en la piel de quienes han perdido a sus familiares por esta maldita regla». Además, «no tiene ninguna lógica que lo acepten con el argumento de que el Levítico no dice nada en contra de las autotransfusiones, cuando tampoco nada de las transfusiones de otra persona y ellos lo siguen prohibiendo», concluye Quesada. El anuncio de este «nuevo entendimiento» fue presentado el viernes por Gerrit Lösch, miembro del Cuerpo Gobernante, en uno de los habituales vídeos publicados en la web de la organización, dentro del apartado de 'Noticias internacionales'. Tras una larga introducción, sólo en los últimos minutos aborda lo que denomina una «aclaración» de sus enseñanzas. «Cada cristiano debe decidir por sí mismo cómo se utilizará su propia sangre en todos los cuidados médicos y quirúrgicos», afirma. «Esto incluye permitir o no que su propia sangre sea extraída, almacenada y luego se le vuelva a introducir», añade. ¿Qué significa esto? Que «algunos fieles podrán decidir que su sangre sea conservada y reutilizada en una intervención, mientras que otros decidirán que no», explica en el vídeo. Lösch no detalla en ningún momento las razones que han motivado este cambio de criterio, pero se remite a la revista 'La Atalaya' del 15 de octubre de 2000, donde –asegura– «ya se afirmaba que el cristiano debía determinar por sí mismo qué se haría con su sangre durante una intervención quirúrgica, prueba médica o terapia». Sin embargo, omite que ese mismo texto explicitaba lo contrario: «ni donamos sangre ni la almacenamos para transfundirnos posteriormente una sangre que debía haberse 'derramado'. Esta práctica está en conflicto con la ley de Dios». Una contradicción que el dirigente tampoco se detiene a explicar. Luis Santamaría interpreta que el cambio responde a dos factores. El primero, de carácter interno, busca «mostrar una cierta apertura y evitar el importante número de abandonos que está teniendo la organización». En este sentido, la decisión se suma a otras flexibilizaciones adoptadas en los últimos años: permitir la barba en los hombres o el uso de pantalones en las mujeres, reducir la carga de reuniones y predicación, o suavizar el tradicional proselitismo casa por casa. El segundo motivo apunta más hacia fuera. «Es una verdadera operación de marketing para lavar su imagen», sostiene el experto. «La cuestión de la sangre es la prohibición más conocida a nivel popular, por lo que vienen a decir a la sociedad –y, sobre todo, a las autoridades–: '¿veis? No somos una secta'». A juicio del experto en este tipo de fenómenos religiosos, tampoco es descabellado pensar que otros factores «que pueden haber empujado a la cúpula de la secta a tomar esta decisión son su reciente paso por los tribunales en países como España y Noruega, donde se ha podido ver delante de los jueces cuál es la verdadera realidad que viven los testigos de Jehová de a pie, verdaderas víctimas de un férreo sistema de control social en el que la prohibición de las transfusiones juega un papel importante». Junto a ello, también remite al «impacto a nivel internacional de dos productos realizados en España: el podcast del diario ABC y la serie documental de la plataforma HBO », basada en la investigación de este diario.
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