Canarias Ahora
Sustancia - Un equipo científico identifica una sustancia en sangre tras la ingesta que envía señales al cerebro y abre la puerta a estudiar cómo estos reptiles regulan cuándo dejan de comer Las serpientes más veloces del planeta revelan su técnica letal gracias a las cámaras de alta velocidad: nadie podría escapar a su mordisco venososo Un animal puede tragar algo que supera su propio tamaño sin romperse por dentro. Las serpientes llevan ese límite al extremo cuando capturan presas enormes y las introducen enteras en su cuerpo, incluso cuando el volumen parece imposible de asumir. Algunas especies despliegan un sistema físico que les permite avanzar poco a poco sobre la presa mientras la van engullendo, sin necesidad de trocearla. Ese proceso se apoya en una mandíbula dividida en dos partes que se mueven de forma independiente y en tejidos que se estiran sin dañarse. Además, el cuerpo mantiene funciones básicas mientras la presa sigue dentro de la boca, algo que evita interrupciones en la respiración. Un análisis químico detecta cientos de compuestos tras cada ingesta Esa capacidad extrema para gestionar alimento deja una pregunta abierta sobre cómo el cuerpo decide parar después de una ingesta tan desproporcionada. Un equipo de la Universidad de Colorado, junto con Stanford y Baylor, identificó el metabolito pTOS en sangre de pitones, que reduce el apetito y podría inspirar tratamientos contra la obesidad s in efectos adversos habituales, según un estudio publicado en Nature Metabolism . El trabajo describe cómo este compuesto aparece tras la comida y envía señales al cerebro relacionadas con la saciedad. Los investigadores analizaron muestras de sangre justo después de que las serpientes se alimentaran para detectar cambios químicos. Ese punto abre una vía para entender cómo estos animales controlan su ingesta tras comidas enormes. La para-tiramina-O-sulfato aparece en niveles mucho más altos después de comer El análisis de la sangre reveló 208 compuestos que aumentaban tras la alimentación, aunque uno destacó por encima del resto. La para-tiramina-O-sulfato, conocida como pTOS, multiplicó su presencia unas 1.000 veces después de la comida. Este metabolito se genera cuando las bacterias del intestino descomponen la tirosina, un aminoácido común, y modifican su estructura. Leslie Leinwand , profesora de Biología Molecular y Celular en la Universidad de Colorado, explicó que “este es un ejemplo perfecto de biología inspirada en la naturaleza”. Jonathan Long , profesor de patología en Stanford, añadió que “si de verdad queremos comprender el metabolismo, tenemos que ir más allá de observar ratones y personas y analizar los mayores extremos metabólicos que la naturaleza puede ofrecer”. Una línea científica busca alternativas a tratamientos actuales contra la obesidad Ese descubrimiento encaja en una línea de investigación que busca nuevas formas de tratar la obesidad. Leinwand afirmó que “básicamente, hemos descubierto un supresor del apetito que funciona en ratones sin algunos de los efectos secundarios que tienen los fármacos GLP-1”. Estos medicamentos, como Ozempic o Wegovy, nacieron del estudio del monstruo de Gila , cuyo veneno contiene una molécula parecida a una hormona humana que regula el hambre. Aunque millones de personas los usan, cerca de la mitad abandona el tratamiento en un año, lo que empuja a buscar alternativas. El equipo ha creado la empresa Arkana Therapeutics con la intención de transformar estos hallazgos en tratamientos reales. El organismo de las pitones soporta cambios extremos tras cada comida Mientras tanto, las propias pitones siguen siendo el ejemplo más claro de un sistema que funciona de forma radical. Tras ingerir una presa, su metabolismo se dispara hasta multiplicarse por 4.000, lo que acelera la digestión de un cuerpo entero. El corazón puede crecer cerca de un 25% para soportar ese esfuerzo, y después vuelve a su tamaño normal. Estas serpientes pueden pasar semanas o meses sin comer y, aun así, mantienen su masa muscular y un estado estable. La forma en que procesan esos ciclos extremos explica por qué su organismo no sufre daños que sí aparecerían en otros animales. El control interno del apetito explica el interés médico en estos reptiles Los investigadores, además del control de peso, también estudian cómo estos mecanismos pueden ayudar a frenar la pérdida de masa muscular asociada a la edad , conocida como sarcopenia. Este problema afecta a millones de personas y no tiene tratamientos eficaces en la actualidad. Algunos de los metabolitos detectados en las pitones aumentan entre un 500% y un 800% tras la comida, lo que abre nuevas líneas de trabajo. Leinwand señaló que “no nos vamos a quedar solo con este metabolito” y añadió que “hay mucho más por aprender”. Las pruebas en ratones muestran una reducción clara de la ingesta Los ensayos con animales han permitido observar efectos concretos del pTOS. Cuando se administró en dosis altas a ratones, tanto con sobrepeso como delgados, los animales redujeron su ingesta de comida . Esa reducción se tradujo en pérdida de peso sin problemas digestivos, sin caída de energía y sin pérdida de músculo. El compuesto actúa sobre el hipotálamo , una región del cerebro que regula el hambre y el equilibrio energético. En las pitones, ese mismo mecanismo explica por qué dejan de comer durante largos periodos después de una gran ingesta. Todo ese conjunto de datos muestra un patrón claro. Un animal capaz de tragar presas enormes no solo depende de una mandíbula flexible o de tejidos elásticos, sino también de un sistema interno que regula cuándo parar . Ahí aparece el interés médico, porque entender ese control permite pensar en tratamientos que reproduzcan el efecto sin copiar el proceso completo.
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