ABC
La muerte del castrismo –agonía lenta entre harapos, guiñapos, excrecencias y hambruna–, la muerte, digo, ahogado en sus propias miserias, no carecerá de patéticos juglares que hagan ciertos, hermosos ya lo eran, los versos de José Martí: «Yo sé que el necio se entierra/ con gran lujo y con gran llanto,/ y que no hay fruta en la tierra/ como la del camposanto». Llorarán los necios, como plañideras, la caída de una dictadura que tuvo arrancada de caballo y parada de asno; que herró la bota con la que oprime al pueblo, al que vino a salvar de Fulgencio Batista, con el celofán del sueño quimérico de una comuna marxista, siempre con el renglón torcido del uniforme verde olivo. Glosarán... Ver Más
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