La Opinión de Málaga
Giorgia Meloni ha descubierto en estos días que el consenso que la aupó al Palacio Chigi no era un cheque en blanco. También que su aura de invulnerabilidad, esa que parecía blindarla ante cualquier adversidad, dista de ser inexpugnable. El rotundo rechazo de los italianos en el referéndum para ratificar su reforma del poder judicial ha supuesto el golpe más duro para la líder de Hermanos de Italia desde su llegada al poder. Lo que comenzó como una ambiciosa arquitectura para remodelar el Estado ha terminado por estrellarse contra un muro de desconfianza civil que no solo rompe el idilio con su electorado, sino que anticipa un final de mandato mucho más accidentado de lo previsto.
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