Un estudio demuestra que la flora intestinal es clave para la pérdida de memoria:
COPE

Un estudio demuestra que la flora intestinal es clave para la pérdida de memoria: "El microbioma de los ratones viejos contagió sus peores capacidades cognitivas a los más jóvenes"

Más de un millón de personas en España sufren alguna enfermedad neurodegenerativa, como el Alzheimer, el Párkinson o la ELA. Aunque estas dolencias ocurren en el cerebro, un reciente estudio publicado en la revista Nature ha demostrado que tienen implicaciones en otras partes del cuerpo muy lejanas, señalando al aparato digestivo como un factor clave. Según explica el divulgador científico de COPE, Jorge Alcalde, la clave reside en la flora intestinal, también llamada microbioma. Esta comunidad de microorganismos, fundamental para la nutrición, está íntimamente conectada con el cerebro y el estado de ánimo a través de una red de nervios que regula, por ejemplo, la sensación de saciedad o el apetito. La investigación, realizada en el Instituto de Investigación ARC de California con ratones, ha materializado esta conexión. En el estudio se hizo convivir a ratones jóvenes con otros de edad avanzada, lo que provocó un intercambio de su flora bacteriana al compartir heces. Con el tiempo, se observó que las bacterias de los ratones más viejos afectaban a los más jóvenes. Como resultado, los roedores jóvenes mostraban peores resultados en pruebas cognitivas, como encontrar la salida de un laberinto. "Cuando esta contaminación se produce, las pruebas cognitivas que se hacen los ratones jóvenes son peores", afirma Alcalde, demostrando que el microbioma de los ratones viejos contagió sus peores capacidades cognitivas a los más jóvenes. El nexo principal en esta comunicación es el nervio vago, uno de los más importantes del cuerpo. Su nombre proviene del latín "vagar" porque recorre gran parte del organismo. Alcalde recuerda que este nervio está implicado en procesos inconscientes como el latido cardíaco o la digestión y también influye decisivamente en el estado de ánimo. Este descubrimiento abre dos importantes vías de trabajo para los científicos. La primera es la posibilidad de utilizar el análisis del microbioma intestinal como un predictor del riesgo de desarrollar Alzheimer, lo que permitiría, en palabras de Alcalde, "conocer si esas bacterias de nuestro intestino pueden ser un predictor de la enfermedad". La segunda línea de investigación se centraría en el propio nervio vago. El objetivo es investigar cómo se puede intervenir en este nervio para evitar el deterioro cognitivo, una vía que, según el experto, todavía está por explorar pero que ahora cobra un nuevo y prometedor sentido.

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