Hombres vestidos con ropas de elogio
Diario CÓRDOBA

Hombres vestidos con ropas de elogio

Trump es un niño imprudente que juega con vidas que lo son de verdad y aquí, en esta parte del mundo que mira la guerra con horror intentando dar sentido al sin sentido que reina en la cabeza del presidente de los Estados Unidos, nos preguntamos por qué el pueblo americano votó a un señor que solo entiende de venganzas, expulsiones, ultimátum y ese tipo de cosas que suenan a caos, porque cuando uno vota por el caos es el caos el que acaba por imponerse y ya no sabemos qué va a pasar si Donald Trump cumple en unos días su amenaza de invadir la isla de Jarg, donde se encuentra el principal centro petrolero de Irán, a lo que Irán ha dicho: «Cualquier intento del enemigo de atacar las costas o islas iraníes provocará, de forma natural y conforme a la práctica militar habitual, el minado de todas las vías de acceso y rutas de comunicación en el golfo Pérsico y todas sus costas con distintos tipos de minas navales, incluidas minas flotantes desplegables». Así que solo podemos esperar a que pasen los días y pensar que quizá haya alguien cerca de Trump que detenga su acción y le explique que esta guerra es del todo innecesaria y que solo Israel obtendrá beneficios y que a corto plazo las economías se irán contrayendo y su bolsillo tendrá un agujero por el que se irán esfumando las esperanzas y solo quedará ese señor caprichoso que entendió el mundo como un juego de mesa en el que podía poner y quitar a su antojo sin penalización y con un rumor sordo de muertos que nunca contabilizó porque simplemente eran muertos necesarios para operaciones absolutamente innecesarios que destierran la vida para imponer la destrucción y dejarnos con los sueños rotos y una desilusión completa al entender que unos pocos tipos narcisistas, amantes de las armas, educados en los dogmas, creyentes sin valores, demasiado hombres y sin complejos de serlo han decidido qué es lo que vale y qué no y de esa forma todo deja de tener sentido y las nubes se desvanecen y no hay lluvia en su interior, solo drones que atacan y destruyen y matan y nos recuerdan que quien sirve a la riqueza, persigue la fama y desata tempestades solo recibirá despojos y tantos ataúdes que no habrá campo santo que redima toda esa rabia y dolor. Todo por una apuesta donde dos hombres se vistieron con ropas de elogio para convencerse.

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