Faro de Vigo
El hígado no duele, y esa es precisamente su mayor trampa. No avisa con pinchazos ni corta la respiración. Cuando este laboratorio químico del cuerpo humano se queja, casi siempre es demasiado tarde. En la consulta de Javier Crespo, uno de los especialistas en aparato digestivo más destacados de España, la tragedia ya no solo entra oliendo a alcohol, como sucedía hace años, sino disfrazada de sedentarismo, de ultraprocesados consumidos a toda prisa y de cinturones que ceden año tras año.
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