ABC
Las últimas elecciones autonómicas celebradas en España han dejado varias lecturas en clave nacional. Además del evidente giro a la derecha del voto, hay otra conclusión que destaca por encima del resto: Podemos ha desaparecido hasta ahora de todos los parlamentos regionales. Sobre este fenómeno ha reflexionado recientemente Iker Jiménez, presentador de Cuarto Milenio. En el cierre semanal de su programa, explicó que mantiene una newsletter en la que envía comunicados a sus suscriptores y que uno de ellos, dedicado a este asunto, generó bastante revuelo por el enfoque que proponía. Jiménez se propone analizar el auge y la caída de la formación, pero no desde la óptica política, sino desde la televisiva. «Yo creo que es más televisión», señala. En ese sentido, recuerda cómo desde el principio interpretó su irrupción como algo estrechamente ligado al poder de la cámara. El presentador sitúa el origen en el clima social del 15M y los indignados, un momento en el que «¿quién no va a estar indignado?» y donde el movimiento tenía un carácter transversal. Según explica, ese contexto permitió que surgiera un grupo de jóvenes que conectó rápidamente con el público gracias a un discurso sencillo y emocional, amplificado por la televisión. A su juicio, la clave estuvo en que ese fenómeno «nació de la televisión», que actuó como altavoz y motor de crecimiento. La presencia constante en platós, el contraste con la llamada «casta» y la frescura de sus portavoces generaron un atractivo mediático evidente. «Había gente que comunicaba bien o, por lo menos, comunicaba distinto», resume. Sin embargo, Jiménez sostiene que esa misma exposición acabó pasando factura. La televisión, dice, es «un objeto muy poderoso» que no solo eleva, sino que también muestra las contradicciones. Con el paso del tiempo, aquel movimiento abierto fue «estrechando su raíl» hasta quedar asociado a posiciones más concretas, lo que redujo su capacidad de interpelar a una mayoría amplia. Además, apunta al impacto del poder y del propio ecosistema mediático. «No es lo mismo decir cosas por la tele que luego tocar el poder», afirma, subrayando que la gestión real introduce tensiones que acaban siendo visibles. A esto se suma lo que describe como el peso del ego y la dinámica interna, que terminó generando conflictos y desgaste. En última instancia, el presentador interpreta la caída de Podemos como el resultado de una lógica más amplia. La televisión, asegura, «te da y te quita», elevando rápidamente a quienes captan la atención pero exponiendo con igual rapidez sus debilidades.
Go to News Site