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Los cantos de la aurora, una de las tradiciones más ancestrales y auténticas de la Región de Murcia, han dado un paso histórico para garantizar su supervivencia y difusión en el siglo XXI. Las distintas campanas de auroros se han unido en la nueva Federación de Hermandades de la Aurora, una iniciativa que busca aglutinar esfuerzos, resolver problemas comunes y proyectar este legado musical y etnográfico hacia el futuro. La creación de este órgano federativo era "vital", según ha explicado Carlos Valcárcel, presidente de la Archicofradía de la Sangre y uno de los impulsores del proyecto. Hasta ahora, los grupos estaban dispersos en distintas pedanías y municipios, compartiendo problemas pero sin una estructura común para afrontarlos. La federación nace con el objetivo de ser el vehículo para lograr metas compartidas, partiendo de la premisa de que "la unión hace la fuerza". Entre los objetivos prioritarios de la federación se encuentran la creación de una escuela de formación aurora para atraer a nuevas generaciones y atajar el problema del relevo generacional, la digitalización del vasto archivo sonoro existente y la transcripción a partituras de los cantos. Se busca, en definitiva, "estrechar los vínculos" y "resolver mediante reunión los problemas comunes a todas esas campanas". Recién constituida, la federación ya ha puesto en marcha su primera gran iniciativa. Según ha confirmado su primer presidente, Diego Belmonte, el pasado agosto se solicitó formalmente a Ministerio de Cultura que el canto de la aurora sea declarado manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial de España. La propuesta, que afecta a unos 155 grupos en diez comunidades autónomas, ya ha superado el primer filtro del Instituto de Patrimonio Cultural de España y avanza en su tramitación. Joaquín Gris, investigador y uno de los mayores expertos en la materia, se ha mostrado convencido del éxito de la iniciativa y de la pervivencia de la tradición, que en Murcia ya es Bien de Interés Cultural desde 2012. "El canto de la aurora va a ser eterno, nos va a sobrevivir a todos nosotros", ha afirmado con rotundidad, destacando su doble dimensión como patrimonio religioso y cultural. El origen de estas campanas, según ha detallado Gris, se remonta a los siglos XVI y XVII, vinculadas a las cofradías del Rosario y de la Aurora. Su finalidad era despertar a los hermanos en la madrugada para invitarles a rezar el rosario y acudir a la primera misa del día. Sin embargo, las fuentes musicales de las que se nutren sus cantos son mucho más antiguas y complejas. Expertos como Carlos Valcárcel Mavor ya estudiaron en profundidad estos melismas y sus posibles orígenes bizantinos, sirios o su conexión con otros cantos del Mediterráneo, como los de Córcega o Cerdeña. Esta riqueza musical es la que la federación aspira a preservar, uniendo a las 16 hermandades que ya la componen desde Abanilla hasta Lorca, pasando por Yecla, Javalí Nuevo o El Palmar, con la vista puesta en incorporar a las que aún faltan. En el programa también hubo un emotivo recuerdo para el cronista e investigador Carlos Valcárcel Mavor, padre de uno de los ponentes. Se ha destacado su figura como "el conservador de los auroros", un hombre que no solo investigó, sino que vivió la tradición recorriendo los carriles de la huerta. Para él, como se ha recordado, "La aurora es el alma de Murcia", una pasión que ahora sus herederos y la nueva federación se encargan de mantener viva.
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