Fatiga y velocidad, causas principales de muerte en Semana Santa
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Fatiga y velocidad, causas principales de muerte en Semana Santa

La Semana Santa de 2026 nos pone frente al espejo. Los datos de la última década nos dicen que los accidentes no son accidentales, sino causales. El perfil del fallecido más común es el de un hombre, en vía convencional, y el accidente se debe a una salida de vía o colisión frontal. Este período religioso y vacacional representa para el sector de la seguridad vial el desafío logístico y preventivo más complejo del calendario. Bajo el lema #TodoEnCuatroDías, la Fundación Línea Directa ha presentado un exhaustivo informe que analiza la accidentalidad en este periodo entre 2015 y 2024. Como principales conclusiones destaca que la concentración masiva de desplazamientos en un tiempo récord dispara los riesgos de forma alarmante. Durante estas fechas, las carreteras españolas absorben millones de trayectos, concentrados especialmente entre el Miércoles Santo y el Lunes de Pascua. Esta hiper-movilidad genera un escenario donde el error humano, el estado del vehículo y la fatiga convergen en un cóctel peligroso. El estudio, basado en datos consolidados de la DGT, permite dibujar un perfil tipo del accidente mortal en estos días, con un patrón que se repite año tras año. A diferencia de otros periodos del año donde las colisiones traseras en entornos urbanos son más frecuentes debido a la congestión, en Semana Santa el drama se traslada a las carreteras interurbanas. La salida de vía es el accidente rey y representa la mayor parte de las víctimas mortales. Este tipo de siniestro suele estar directamente relacionado con tres factores que son las distracciones por el uso del móvil, el exceso de velocidad y la fatiga. Aunque las autovías y autopistas soportan el mayor volumen de tráfico, es en las carreteras de un solo carril por sentido donde se producen la mayoría de los fallecimientos. La falta de separación física entre sentidos y la presencia de cruces al mismo nivel elevan exponencialmente el riesgo. El análisis territorial muestra una desigualdad notable en la letalidad. Regiones como Andalucía, Cataluña y Castilla y León suelen encabezar las cifras absolutas debido a su extensión y al volumen de desplazamientos internos y de paso. Sin embargo, el índice de letalidad varía, señalando a zonas de orografía compleja como puntos críticos. El informe identifica puntos específicos en la A-4, la AP-7 y la A-6 como los de mayor siniestralidad acumulada en la última década. Estos tramos no siempre coinciden con los de mayor tráfico, sino con aquellos donde la fatiga empieza a hacer mella tras varias horas de conducción desde los grandes núcleos urbanos como Madrid o Barcelona. Mientras que en verano los desplazamientos se escalonan a lo largo de dos meses, en Semana Santa la salida se concentra en apenas 24 horas y el retorno de forma similar. Esto genera una densidad de flujo crítica donde el conductor se ve rodeado de una masa de vehículos constante, lo que reduce el tiempo de reacción. Además, existe una tensión psicológica evidente, ya que el deseo de llegar pronto para aprovechar el poco tiempo libre fomenta conductas de riesgo, como adelantamientos indebidos o el mantenimiento de velocidades inadecuadas en tramos congestionados. A pesar de la veteranía del parque móvil español, los conductores siguen descuidando el mantenimiento preventivo antes de estos viajes largos. El informe destaca que el mal estado de los neumáticos y de los sistemas de iluminación son factores contribuyentes en un porcentaje significativo de los alcances y salidas de vía nocturnas. Uno de los puntos del estudio de la Fundación Línea Directa es la encuesta realizada a conductores, cuyos resultados se recogen en la transcripción de las entrevistas de percepción. Aquí se observa una disonancia cognitiva preocupante pues sabemos lo que es peligroso, pero creemos que el peligro son los demás. Al preguntar a los conductores qué es lo que más les preocupa, la respuesta es casi unánime en torno al tráfico y las retenciones. Algunos entrevistados comentan que lo que más les preocuparía serían los atascos, las filas y las colas, calificando de rollo el estar metida en el coche tres horas para salir de Madrid. Esta mentalidad es peligrosa porque el conductor prioriza la fluidez sobre la seguridad. La ansiedad por evitar el atasco lleva a elegir horas de salida intempestivas con el consiguiente riesgo de somnolencia o a tomar rutas secundarias desconocidas que están en peor estado. La encuesta revela datos contradictorios sobre el cumplimiento de las normas. Respecto al alcohol, la mayoría afirma ser estricto y no beber nada de nada, sin embargo, persiste una minoría que admite que una cerveza no hace nada. En un contexto de comidas familiares y celebraciones, este pensamiento es el responsable de muchos positivos en los controles. Sobre la velocidad, muchos admiten que, si la vía lo permite o si se descuidan, superan los límites, afirmando que quien diga que no, miente. El uso del control de crucero es visto por algunos como una ayuda, pero por otros como un elemento que les desconecta de la conducción. En cuanto a las revisiones, existe una peligrosa desidia; muchos conductores confían en que el coche ha pasado la ITV o no hace ruidos raros, olvidando que un viaje largo con carga completa exige una revisión específica de niveles y presiones. El informe cierra con una llamada a la acción. No se trata solo de vigilancia policial, sino de responsabilidad individual. Es necesaria una planificación real que prevea paradas cada 2 horas o 200 kilómetros, entendiendo que la fatiga reduce los reflejos tanto como el alcohol. Se debe mantener cero distracciones, ya que el móvil sigue siendo la principal causa de mortalidad. El mantenimiento es vital, pues una inversión mínima de tiempo en revisar presiones y niveles puede evitar una estancia en el arcén. Finalmente, se debe guardar un respeto máximo a las vías secundarias, recordando que la carretera convencional perdona mucho menos los errores. Con más de 15 millones de desplazamientos previstos para estos diez días, la combinación de trayectos largos —el 44% superará los 300 km— y la densidad del tráfico eleva el riesgo de cometer infracciones por descuido o fatiga. Según el último estudio sobre hábitos de conducción publicado por Coyote, los conductores españoles afrontan las vacaciones con un pesimismo realista. El 54% de los encuestados ya cuenta con un gasto previsto de unos 100€ en sanciones, mientras que un 14% teme que la cifra escale hasta los 200€. A pesar de que el 85% de los conductores afirma respetar los límites de velocidad de forma habitual, los datos reflejan una realidad distinta cuando nos alejamos de la ciudad. El 65% reconoce haber superado los límites en viajes largos, alegando principalmente despistes o dificultades para identificar la velocidad permitida en tramos con señalización variable. El exceso de velocidad es a causa reina, especialmente ante el despliegue de radares móviles, que son la mayor preocupación para el 66% de los usuarios. Uno de los puntos críticos que destaca el informe es la percepción de inseguridad jurídica. El 54% de los automovilistas considera que los cambios constantes en los límites de velocidad y la señalización son confusos. Esta complejidad es la que está impulsando el uso de herramientas de asistencia, ya que un 59% de los conductores ya viaja apoyado por aplicaciones de ayuda a la conducción.

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