Llega el cambio de hora: la guía de un pediatra para ayudar a los niños a adaptarse
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Llega el cambio de hora: la guía de un pediatra para ayudar a los niños a adaptarse

Este fin de semana toca adelantar el reloj para entrar en el horario de verano, un cambio que altera las rutinas, el apetito y el humor de los más pequeños. Según explica el pediatra Jorge Muñoz, este ajuste puede ser para ellos como un ‘mini jet lag’ biológico, cuya adaptación suele durar entre 5 y 7 días. Durante este periodo, es habitual que los niños descansen peor y estén más irritables. El principal motivo de esta alteración está en la luz solar. Al hacerse de noche más tarde, la producción de melatonina, la hormona que induce al sueño, se retrasa. “Si los días son más largos y hay más luz, pues la melatonina aparecerá más tarde”, detalla Muñoz. Esto provoca que “el cerebro de los peques no les apetece dormir” cuando ven que todavía es de día, dificultando el inicio del descanso. El cambio horario afecta de forma distinta según la edad. En la edad preescolar, especialmente en la etapa de los dos años, es común que aumenten las rabietas. De hecho, según el experto, “los más jóvenes se nota más en el carácter, curiosamente”. En los niños en edad escolar, el efecto más visible es el cansancio, “los ves más tiradillos, más lentos”, aunque no suele afectar al rendimiento. En los bebés, los cambios se aprecian en las rutinas de sueño y en los horarios de la lactancia. El pediatra también aclara que este fenómeno no debe confundirse con la astenia primaveral. Mientras que los efectos del cambio de hora se limitan a la primera semana, la astenia es un cansancio más prolongado que puede durar semanas o meses y cuyas causas no están tan definidas. Para facilitar la transición, el doctor Muñoz recomienda empezar a hacer ajustes 3 o 4 días antes del cambio. Un truco práctico es adelantar las cenas y la hora de irse a dormir unos 15 minutos cada día. Además, es útil levantar las persianas nada más despertarse para exponerse a la luz natural y, al atardecer, crear un ambiente de penumbra en casa para ayudar al cerebro a prepararse para dormir. Si no ha dado tiempo a prepararse, la clave es afrontar la situación con mucha calma, paz y amor. El pediatra insiste en la importancia de acompañar, reír y entender a los niños, sin enfadarse, ya que el cambio de humor “no es su culpa”. “Con los niños hay que tener muchísima paciencia”, subraya, y recuerda que “nadie ha nacido con el famoso manual de instrucciones”. Finalmente, aconseja mantener las rutinas de siempre, como los horarios de las comidas.

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